viernes, 11 de noviembre de 2011

Las antiguas alumnas vuelven a la Compañía de María.


No me refiero a las alumnas que dejaron el colegio el año pasado ni el anterior, ni hace cinco años, no. Estas alumnas concluyeron los estudios en la Compañía de María a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Las que se casaron y tuvieron niñas matricularon a sus hijas en el colegio y dos de ellas tienen a sus nietas también en la Compañía de María. Es el caso de Dª. Dolores Jurado, cuya hija estudió en el colegio y ahora son sus dos nietas la que asisten a clases de Infantil y Primaria.

Dª. Mercedes de la Cuadra no ha visto cumplido su deseo de tener a sus nietos matriculados en el colegio, puesto que en Andalucía es excesivamente complicado inscribir a los niños en el colegio que uno quiere. Es ciertamente crispante que tantas antiguas alumnas año tras año hayan tenido que resignarse llevando a sus hijos a colegios que no son como el nuestro, centros escolares a los que no profesan el cariño que han aprendido a tener a la Compañía de María, un colegio muy especial para cualquiera que haya pasado por aquí dejándose impregnar por el espíritu de Santa Juana de Lestonnac, indudablemente presente en el colegio aún hoy día. 


Dª. Sarpi Guerrero, cuya madre, abuela e hijas han sido colegialas de la Compañía, al menos ha logrado que una de sus nietas entre en el colegio, la cual está cursando estudios de Infantil. 

 No ha tenido la misma suerte Dª. María del Carmen Durán, y eso que no hay otra alumna más apegada al colegio desde siempre: doña María del Carmen sigue viniendo a la capilla del colegio con mucha frecuencia, viene a vísperas los domingos, reza delante del azulejo en las efemérides de la Presentación de la Virgen en el templo cuando el colegio está cerrado por ser fin de semana,  lleva siempre su medalla de Hijas de María al cuello, que le recuerda su unión con la Compañía de María y cada vez que se le pide ayuda en el colegio no duda ni un segundo en responder que sí y  mueve cielo y tierra para que todo salga a pedir de boca, prueba de esto es la actividad de aquel día, pues no sólo vino dispuestísima, sino que además, consiguió reunir de nuevo a una serie de amigas para que hablaran con nuestros alumnos, las cuales se mostraron igual de solícitas y complacientes con el colegio que ella. El año pasado ya  vinieron a hablar con nuestros alumnos sus amigas, lo cual se puede consultar en esta entrada. Todas ellas han querido volver este año, lo cual agradecemos profundamente.

Echamos de menos a la simpatiquísima Dª. Angelita del Junco,  a quien le fue más que imposible venir. Dª. Angelita es una enamorada del colegio.  El año que viene si Dios quiere será. 

Dª. Adelaida Luque, que también vino a la mesa redonda de antiguas alumnas el año pasado, hermana de una religiosa de la Compañía de María, no faltó este año. 

Además de Dª. Sarpi, también venía por primera vez a hablar con los niños Dª. María del Carmen Ruiz de Velasco, una señora encantadora, como el resto de las exalumnas, que nos hicieron pasar un rato estupendo. 

Los niños se rieron mucho con ellas, se recordaron muchas cosas del pasado interesantes y dignas de ser recogidas y transmitidas, y les hablaron de lealtad y de valores. De este modo, se cumplía nuestro objetivo de hacer conscientes a los niños de su papel en el colegio, de la importancia de éste en sus vidas, de lo trascendental de lo recibido aquí y de su pertenencia a la historia del mismo como una de las generaciones que forma parte de este rosario de promociones que han ido formándose personal y académicamente bajo el inigualable manto de Santa Juana de Lestonnac.
Comenzaron las antiguas alumnas la reunión que mantuvieron con los alumnos de 4º ESO A el pasado jueves 10 de Noviembre, hablando de los horarios del colegio: salían del mismo a las ocho y media y alguna de ellas no lo dejó hasta los dieciocho años, caso de Dª. María del Carmen Durán, a quien agradecemos todas las molestias que se ha tomado para traer un montón de objetos antiguos del colegio con el fin de enseñarlos a los niños, como la corona con la que se laureaba a
a las niñas con 
conducta ejemplar (tan ejemplar que algunas de las que recibían la corona se iban al convento; de hecho, las coronas que trajo pertenecían a dos alumnas que se hicieron monjas, las hermanas Quintana). También 

enseñó una cartilla de notas, un diploma con el que se premiaba a las niñas estudiosas, y un carnet que las monjas perforaban con un alfiler para dejar registrado cuándo la conducta de las alumnas era contraria a las normas del 
colegio. Los niños no habían oído hablar antes de los carnets que las alumnas tenían que llevar siempre encima para ponerlos a disposición de las monjas cuando se lo pedían para darles pinchazos en el mismo con alfileres (de cabeza negra, matizó doña Sarpi) . Este carnet era mensual y tenía cuatro apartados: ejercicios espirituales, formas sociales (correr por un pasillo era 
una falta contra las formas sociales), aplicación (estudios) y  orden (no hablar en clase, en una fila, etc.) Cada vez que la alumna no se portaba con adecuación a las reglas, la religiosa sacaba un alfiler que llevaban en la cintura del traje y agujereaba la casilla del día en que había ocurrido la falta: lo hacía una o varias veces, en uno o más apartados.
Dª. María del Carmen Durán enseñó un carnet que tenía sólo dos pinchazos. A veces las niñas, con las uñas, intentaban disimular la perforación de  la cartulina, pero, como recordaban las antiguas alumnas riéndose, se notaba la trampa, conducta que también tenía su pena. Comentaba Dª. María del Carmen Ruiz de Velasco que ella sacaba muy buenas notas, pero se portaba muy mal y para ella cien pinchazos en "orden" no era algo raro. Con respecto a esto de la disciplina y el orden sucedía algo que  llama la atención: cuando se ausentaba temporalmente una monja de clase y, debido a su alejamiento, las niñas alborotaban, al volver la religiosa y preguntar quién había hablado, todas decían la verdad, es decir, la que lo hubiera hecho, lo confesaba de inmediato. Tenían muy claros y arraigados los conceptos de lealtad y verdad.

Entre todos los objetos maravillosos que sacaron de las bolsas que traían, había un librito que contenía el reglamento de las colegialas de la Compañia de María, las normas del colegio. Trajo también Dª. María del carmen Durán el 
precioso escudo del colegio, de plata, que se llevaba sobre el babi o el uniforme todos los días (nos enseñó dos modelos diferentes de escudo, uno de ellos más moderno). Ahora los niños lo llevan bordados en el jersey. Me encantaría que se recuperaran y cuando expresé mi anhelo allí, un pajarito llamado don Carlos Martínez (perdonen los ornitólogos) me dijo que el equipo directivo estaba en ello. 

Traían también las antiguas alumnas una estrella dorada y nos explicaron que éstas eran impuestas en presencia de la superiora en las clases cada vez que se entregaban las notas mensuales, tantas estrellas doradas como sobresalientes tuviera la alumna y las estrellas plateadas simbolizaban los notables. Mi madre me contó que cuando una alumna tenía muchas estrellas, se le condecoraba con una estrella mayor que se colocaba, también con imperdible y sobre el pecho, encima de las otras. A las niñas les encantaba lucirlas y unos días antes de dar las siguientes notas mensuales les retiraban las estrellas para hacer un nuevo reparto según las notas del mes. Pienso yo que podríamos volver a esto también. 


Dª.  Carmen Ruiz  de Velasco mostró un  rosario hecho con las algarrobas caídas de un árbol del jardín: una monja recogía las vainas, secaba las semillas y las agujereaba y ensartaba con alambres, a veces en clase mientras las niñas estudiaban (estremecedor que hayamos tenido en  nuestras manos algo que había fabricado esmeradamente una de las religiosas antiguas de la Compañía de María, que , al menos para mí y desde la distancia, eran seres especiales). En la gruta, algo más tarde, nuestros niños recogieron del suelo y observaron una de estas vainas por curiosidad de conocer las semillas. 



Dª. María del Carmen Durán trajo el libro de normas y las medallas de aspirante y postulante a las Hijas de María y de Hija de María, una congregación de las monjas a las que no cualquiera podía pertenecer (para ello habían de tener una conducta muy buena e implicaba una serie de compromisos como rezar el rosario, misas, etc.). Se reían las exalumnas recordando que muchas veces en la calle se metían con ellas por la cantidad de estrellas que llevaban, pues parecían condecoraciones militares y muchas veces las saludaban como a los militares. Nos explicaron que con el uniforme llevaban una capa azul marina que todavía conserva Dª.  Dolores Jurado y que esperamos que traiga el curso próximo, así como de Dª. Adelaida requerimos por favor que nos trajera el uniforme del tamaño de la muñeca "Mariquita Pérez".
En su esfuerzo por complacernos y hacer el trabajo que le pedimos a la perfección, lo cual agradecemos infinitamente, trajeron también el programa del viaje que hicieron a Burdeos en el año 1956, el cual costó, como se podía leer en la parte superior del documento, 3.000 pesetas (no sé cuánto habrá costado la peregrinación que han hecho este año algunas antiguas alumnas con don Carlos y el seminarista don Iván después de acudir con el colegio a la JMJ en Madrid, pero pienso que ha sido un poco más caro; por cierto, que el viaje fue muy parecido). Todas ellas tenían muchos recuerdos del colegio, como dijeron, y pudimos comprobar, y, ante todo, sentían por él cariño y agradecimiento, ya que, como decía Dª. Sarpi, de mayor se recuerdan cosas a las que no se les da importancia antes y se agradecen. En este punto de la conversación fue cuando se quejó Dª. Mercedes de la Cuadra por no poder tener a sus nietos en el colegio. En su familia su madre, sus hijas y ella han podido recibir esa vivencia pero no sus nietos.  Comentaba que el espíritu de la Compañía lo transmiten los profesores y también los alumnos. Y en efecto, les dije,  para eso las convocamos  y nos sentimos satisfechísimos de lo que los niños vivieron junto a ellas. 


Dª. Carmen Ruiz de Velasco explicaba que Madre Vergara, que había sido profesora de su madre, daba clases de formación, y de esta religiosa tan mayor recordaba la siguiente frase: "hay que decir siempre la verdad, pero no toda la verdad". Dª. Mercedes de la Cuadra añadió que había que intentar extraer lo bonito de la persona. Las monjas cultivaban así el amor al prójimo. A continuación, Pedro Aránega les 
preguntó qué año que les resultó más feliz su estancia en el colegio, a lo que respondieron todas que los últimos, pues eran ya más conscientes de lo que suponía el colegio. Entre estos recuerdos ocupaba un lugar importante el teatro. Se saben todavía de memoria fragmentos de obras teatrales. "Eso"-decía Dª. Dolores Jurado-"nos unía... ¡y eso que ensayábamos después de la clases!". Los sábados, recordaba Dª. Carmen Ruiz de Velasco, había clase, y el día de Cristo rey, igual que otros festivos, tenían que ir al colegio y  de gala, con el cuello del uniforme (de quita y pon, y muy rígido), corbatas de palomita (durante un tiempo), puños (también eran de quita y pon), velos blancos, y se pasaban la mañana entera del domingo allí, con misa solemne.Ninguna alumna faltaba  a este deber.


Dª. Sarpi Guerrero admitió lo que calificó como deficiencia del sistema: se perdían el contacto con algunas religiosas, entre las que mencionó a la última superiora, madre Salazar, persona estupenda que no llegó a conocer doña Sarpi hasta que sus niñas entraron en Preescolar, cuando la religiosa era portera, ya que a la superiora nunca se le hablaba y casi no se le veía. A veces se cruzaban con la superiora y tenían que bajar la cabeza y saludar y sólo estaba presente en las lecturas de notas, cuando entregaba las estrellas, bandas, medallas, etc. Lucas, que comentamos que era sobrino nieto de la madre Sánchez de Alba, a la cual adora Dª. Carmen Durán hasta el punto de tener una foto en una carterita y de saber de memoria el día de  su muerte (25 de septiembre), preguntó por el jardín y su vegetación, a lo que las antiguas alumnas respondieron que había muchos árboles e incluso una huerta ( a la huerta, por cierto, se iba alguna vez, de excursión y en fila, puesto que no salían del colegio-mi madre dice que sólo para las competiciones de baloncesto contra los colegios de Sanlúcar o San Fernando-). El Sagrado Corazón estaba rodeado de árboles, el estanque tenía agua y árboles. Pero del Corazón de Jesús no se pasaba a excepción de cuando se iba al obrador, aunque no se podía una detener demasiado ni desviar su trayectoria una pizca, pues esta conducta tenía castigo. En el obrador, la hermanita Landa tomaba medidas. Dª. Carmen Ruiz de Velasco me comentó posteriormente que sacaba de clase a las niñas para probarse los uniformes y ellas quedaban encantadas por poder escabullirse de la clase. En los tiempos que estudió mi madre la cosa se puso más seria, porque ella me comenta que sólo se probaban durante el recreo y de tres en tres, porque era el número exacto de alumnas que podía atender la hermanita Landa, que, por otra parte, era rapidísima en su tarea, lo cual impedía que llegaran tarde. Si alguien llegaba tarde después de estar en el obrador, significaba que había estado entreteniéndose por donde no debía y esto tenía castigo. Igualmente, me comentaba que sólo durante el recreo se podía ir a la procura, regentada entonces por la madre Sánchez de Alba, y que se situaba en donde está ahora jefatura de estudios y allí se atendía a las niñas para abastecerlas de libros y útiles escolares mediante la ventana que da pasillo de administración. Dª. Carmen Ruiz de Velasco me indicó, una vez estuvimos en el patio árabe, después del coloquio, que el lugar de la procura anteriormente era el despacho actual del orientador. Igualmente, las habitaciones de las internas también cambiaron de sitio con los años. Al principio estaban en lo que luego fue salón de actos (espacio ahora ocupado por el aula de diversificación, la sala de Europa y la clase de don Manuel -anteriormente el salón de actos estaba en las clases de 4º ESO que dan a la fachada-); posteriormente, construyeron el módulo de primer ciclo de ESO, que albergó habitaciones y cuartos de baño (antes los cuartos de baño estaban ubicados en la habitación que hay enfrente de la puerta de la sala de profesores). 


Más recuerdos que compartieron con nosotros: la clase de latín las daba un sacerdote (en tiempos de mi madre, daban latín y griego en la clase que da al patio de la capilla, el actual aula de música), pero la mayoría de las docentes eran monjas; había pocos profesores seglares. Calculan que habría más de trescientas alumnas; todas cabían en el patio árabe, donde las agrupaban a la hora de la salida y allí las iban llamando a medida que llegaban las personas encargadas de llevarlas a casa. Memoria prodigiosa la de estas encantadoras señoras: Dª. Sarpi recuerda que cuando era ella ya mayorcita llegaron a 500 alumnas.
Informaron a los niños de que el sitio donde estábamos reunidos era el antiguo comedor y a la cocina se accedía por la puerta que está junto a la tarima (que, por cierto, es la  del teatro, que antiguamente estaba donde se sitúa el aula de diversificación; aún se conserva la pintura mural que lo enmarcaba ). En este punto los niños se enteraron de que había internas y mediopensionistas, las cuales comían allí. Las internas solían proceder de fuera de la ciudad,
aunque también las había de Jerez y no salían ni en Semana Santa (la madre de Dª Sarpi, por ejemplo, era una interna con casa en Jerez). Después me comentó Dª. Carmen Ruiz de Velasco que su madre, hermana de mi abuelo paterno, por cierto, recordaba que en el recibidor había unas rejas de madera, con palos muy bonitos, torneados, que separaban a las niñas de sus padres cuando éstos venían a visitarlas, pues  en aquel tiempo (me estoy remontando atrás muchos años), las internas hacían vida de clausura, como las monjas. Nos hablaron de los horarios y nos mostraron fotos de gala. Nos contaron cómo era el día de la Niña María, cuando la procesión llegaba hasta el Gallo Azul, un día de gala, con puños y cuellos duros, medallas, bandas, etc. Pura solemnidad. El día de la Niña María sigue siendo un día solemnísimo en la Compañía de María.

 Siguieron recordando viejos tiempos que mantienen una analogía con los nuestros: como los niños las agendas, ellas el carnet siempre tenían que llevarlo encima; igual que para nosotros, para ellas las fiestas de la Virgen gozaban de un realce especial. El mes de mayo era intenso. El nuestro también se dedica a la Virgen. La atención espiritual de los colegios la llevaban los jesuitas, quienes venían al colegio a confesar a las niñas (el capellán también era un jesuita). El último día de Mayo había un ofrecimiento de flores a la Virgen, con una procesión. Cada niña ofrendaba flores a la Virgen según el comportamiento que había tenido durante el curso: llevaban una u otra flor de acuerdo con cómo se habían portado: las más importantes eran la azucena y la rosa, seguidas por el clavel y la más insignificante, la flor menuda o la ortiga, según doña María del Carmen Durán.

En relación a esto, comentó Dª. Carmen Ruiz de Velasco que en su casa tenían asumido que sus notas eran mejores que su comportamiento.Era fácil para ella llegar a los 100 pinchazos de media. En Mayo se proponía mejorar y conseguía reducir el número de pinchazos a 49, a pesar de lo cual, no llevaba flor, lo que nunca le pareció justo. En cambio, su compañera doña Elisa Salido, de comportamiento modélico, solía llevar como mucho un pinchazo en el carnet, y en Mayo, ninguno, con lo cual para ella no tenía mérito y le parecía injusto que esta compañera fuera elegida para llevarle flores a la Virgen, en vez de ella, que tanto se había esforzado y mejorado en ese último mes. Lo que hacían todas ellas era entremeter su flor en el ramo de su amiga Elisa para que la Virgen recibiera un regalo de ellas también, aunque fuera una sola flor. Nos dijo Dª. Carmen apasionadamente que no le ha sobrado ni una sola clase de formación, ni una sola amonestación. Nos dijo que ella bebía agua mirando por encima del vaso, lo cual las monjas castigaban, pues en el comedor siempre había alguna vigilando y controlaba el buen uso de los cubiertos, servilletas y demás servicio de mesa (se leían también textos espirituales, como vidas de santos, etc.). Si no se usaba el tenedor bien, pinchazo en el carnet.  Hasta tal punto le ha marcado positivamente el colegio que cada vez que bebe agua se acuerda de él. Tampoco se han visto apabulladas por los rezos diarios, la solemnidad y misas largas; no se sienten traumatizadas en absoluto, todo lo contrario. 


Mientras conversábamos, veíamos las fotos que solícitamente proyectaban Paloma y Miriam: las flores de mayo, las abanderadas en las misas solemnes...La reunión fue sumamente divertida y amenizada por las antiguas alumnas, las cuales, ya comentaban la imagen que se proyectaba en el momento diciendo en voz alta los nombres de las que figuraban en ella, ya reconocían a monseñor Cirarda en otra fotografía, ya cantaban un fragmento de una de las canciones que cantan aún los niños el día de la Niña María (Dª. Dolores comentó que a ella se le saltan las lágrimas cuando oye a su nieta cantarlas). 

Salpicaban todas estas explicaciones completísimas con anécdotas curiosísimas: Dª. Sarpi nos contó que un mástil del buque Juan Sebastián El Cano es un pino del jardín del colegio. Insistieron en que, a pesar de toda algazara que formaron, la cual agradecimos, porque con ella lograron que el coloquio fuera distendido, son una generación de personas felices, que recuerdan el colegio con cariño y añoranza y  personas válidas, que se han adaptado con facilidad a los cambios de las épocas. Por cierto, que en el caso de doña Sarpi, su abuela ya estudió en el colegio, y perteneció a la primera generación que salió de la Compañía de María de Jerez. También estudiaron aquí su madre, ella y sus hijas. Ahora, como indiqué anteriormente, una de sus nietas es alumna hoy día. Ya es la quinta generación. El año pasado en la misa de antiguas alumnas se pidió a la familia que llevaran las ofrendas al altar y pudimos disfrutar del espectáculo emotivo, tiernísimo y harto emocionante de ver a los componentes de varias generaciones cruzando el pasillo de la capilla con las ofrendas: aquí y aquí.


Dª. Carmen Ruiz de Velasco, que ha sido durante años directora de un colegio, quiso subrayar la labor de los profesores, que se entregan de forma totalmente desinteresada a los alumnos. 

Dª. Carmen Durán nos dijo que ella había vivido el colegio de verdad cuando estuvo interna (fue un castigo al que le sometió su madre pero ella estuvo feliz esos años). Entonces fue cuando la formaron bien y se alimentó el profundo y robusto amor al colegio que dura hasta hoy, porque estaba en su momento de madurez personal. 

Doña María del Carmen Ruiz de Velasco nos dijo que ella estudió comercio y no cultura general, que era la otra opción, a la que llamaban las de comercio "incultura general", porque las niñas eran mucho más ignorantes que las primeras. En esas fechas en el colegio no era importante que la mujer estudiara. La madre de Dª. Carmen Ruiz Velasco, también exalumna, había sido educada en cultura, en canto,  y otras disciplinas de este tipo, como una mujer de la época. Parece que con los años se fueron endureciendo los estudios, porque mi madre recuerda que ya en los años sesenta estudiaban muchísimo (quizás cuando se implantó la etapa de Bachillerato).

Nos hizo reír Dª. Carmen Ruiz de Velasco con la anécdota de los ratones que protagonizaron tres amigas, entre ellas, esta antigua alumna en cuestión y que sucedió en clase de la madre Riquelme , que estaba donde hoy se encuentra la sala de profesores: escucharon a una interna decir que  tenía  miedo a los ratones, lo cual inspiró para hacer una travesura a Dª. Piti Jurado, amiga de todas ellas y posteriormente madre de la alcaldesa actual, que, como supongo que sabrán, también es antigua alumna. Dª. Piti trajo al colegio ratones que liberó en la clase, siendo ya de noche, porque salían del colegio muy tarde. Apagaron la luz para causar desorden y liberaron a los ratones. Ya se puede una imaginar la que se formó con los ratones corriendo por el aula a oscuras y asustando a las niñas y a la madre Riquelme, la cual, cuando encendieron las luces, había desaparecido. La ausencia de la religiosa preocupó al trío de amigas responsables de aquello. La madre Riquelme, decían, era una monja muy de verdad , de las de "al pan pan y al vino vino", nada mística y muy inteligente. Las tres confesaron, y el castigo fue el reconocimiento público de lo que habían hecho mediante la petición de perdón al colegio entero, que fue convocado en el monumento.

 Otra monja a la que recordaron con cariño era a la madre Lavinia, que era un peligro cuando les pedía el carnet, porque cuando sorprendía a una alumna haciendo algo indebido, le daba pinchazos en el carnet hasta por lo que pudiera hacer al día siguiente la autora de la falta, que protestaba temerosa e inútilmente. Les preguntó a los niños Dª. Dolores Jurado si seguían representando obras de teatro (las preparaba la madre Riquelme).  Agustín le respondió que cada año dedicamos una parte de la asignatura de lengua y literatura a  declamar poesía  y representar escenas dramáticas. Los niños les hablaron del día de la Edad Media, del Día del Barroco y del día del Siglo XIX, cuando se representan obras en el salón de actos y en el patio árabe. Este año estamos profundizando, además, en el conocimiento de la ópera a partir del estudio de fragmentos y vamos a ir al teatro Villamarta a la representación de "Rigoletto". También en estas entradas se puede leer algo sobre las representaciones de cuentos que todos los años se hacen a los niños más pequeños. Este curso serán en inglés para los de 4º ESO: aquí y aquí.
Los niños no sabían que el teatro se hallaba en el aula de diversificación. Allí aún hay una pintura mural que enmarca la escena, la cual se encontraba en el cuarto contiguo (el que está pegado a la escalera), donde también se guardaban las tramoyas, escenarios, decorados, etc. Antes de ser salón de actos, había sido dormitorio (camarillas) de las internas, separadas por mamparas. Las antiguas alumnas recordaron que en Jerez en aquel tiempo sólo estaba reconocido oficialmente el colegio de los marianistas, consecuencia de lo cual era que los alumnos de todos los demás colegios, Compañía de María incluido, tuvieran que ser sometidos a un examen público para superar oficialmente cada etapa. Así, con diez añitos y más miedo que vergüenza, las niñas de la Compañía, con otros muchos niños de su edad, iban temblando  a examinarse al instituto Coloma, con el profesor, don José Cádiz Salvatierra, del que se decía que sentía animadversión hacia las niñas de la Compañía de María. Efectivamente, don José  gritó y hostigó a las exalumnas y tuvieron que ir de particular al día siguiente (doña Adelaida bromeó diciendo que a pesar de ello, las reconoció). Esto me hace pensar en la animadversión que las personas educadas suscitan (por el mero hecho de saber guardar las formas) en otras personas que, a mi parecer,  deben haber carecido de una formación adecuada: es el caso que el año pasado por estas fechas, uno de los profesores de un instituto público cercano a la Compañía de María, donde algunas alumnas del colegio, aunque no muchas,  van al terminar los  estudios, estuvo empleando palabras malsonantes y altamente censurables cuando habló en su clase sobre el día de la Niña María, debido a que unas antiguas alumnas que cursan allí Bachillerato, le habían pedido permiso para ausentarse ese día. El señor, que, sorprendentemente da clases de lengua, protestó de forma blasfema, con expresiones soeces y vulgares cuánto le cansaba la Niña María. Por otro lado, sé por nuestros antiguos alumnos que en este instituto del que hablo y en otros colegios (la mayoría públicos, pero también concertados) vituperan y dan un trato hostil a los alumnos procedentes de nuestro colegio, simplemente porque nuestros alumnos llegan a estos centros hablando de “usted” al profesorado, ya que han sido instruidos, con mucho esfuerzo y tesón por nuestra parte, `por cierto, en las reglas de urbanidad, que sirve, entre otras cosas, para conducirse por la vida como es debido. Hay profesores que no gustan de que sus alumnos les traten de usted y lo censuran, avergonzando frecuentemente  al alumno, de forma ilógica y casi agresiva, ofendiendo. Sin ir más lejos, hoy me contaba la amiga de una antigua alumna que cuando ésta llegó este año a hacer Bachillerato a otro colegio ( a ver cuándo implantamos esa etapa aquí para que nuestras alumnos completen su formación en la Compañía), al tratar de usted a su profesora, ésta le contestó de muy mal modo que el colegio no era “pijilandia”, que se enterara de que ya no estaba en la Compañía de María. Tanto a uno como a otro profesor creo, sinceramente,  que deberían inhabilitarlos para ejercer su profesión por inútiles o suspenderlos temporalmente de su trabajo hasta que aprendan educación (en la Compañía les podemos enseñar, si carecen de un ambiente donde  alguien pueda hacerlo). No se puede dar formación a un alumno cuando no se está educado ni siquiera en lo más básico y estos comentarios demuestran una falta de formación, de cultura y de educación que a nadie en el seno de una sociedad civilizada  debe faltar, mucho menos a un educador.

 Siguiendo con lo nuestro, que es la Compañía de María, continuamos viendo fotos del jardín con multitud de árboles, de alumnas con cuellos almidonados y de distintas celebraciones en el colegio.

En clase habíamos comentado que se colocaron toboganes a dos alturas en la escalera del aula que lleva al patio del Ave María. Dª. Sarpi calculó que estos toboganes datan del año 1964 aproximadamente. Seguíamos viendo fotos, esta vez de las religiosas con sus elegantes hábitos oscuros con fajín negro y pechera blanca, con una especie de rostrillo blanco y un manto negro rígido sobre el que caía asomándose sobre la frente, un velo de gasa negro muy favorecedor. Religiosas verdaderamente distinguidas. Bajo mi punto de vista, las religiosas 
perdieron mucho estéticamente y en otros planos  cuando abandonaron sus hábitos, y más perdieron las que vestían hábitos tan elegantes como éstos. Era más bonito y más decoroso también. 

Los niños de 4º C me habían preguntado las consecuencias de que una alumna llevara el uniforme  más corto de la cuenta, a lo que el respondí que no se daba el caso, cuestión que corroboraron las antiguas alumnas al unísono, convencidas de que esto habría sido inviable, impensable. Dª. Sarpi recordó que la largura del uniforme tenía que ser la correspondiente para que, estando de rodillas, la falda llegara al suelo, como mínimo. Dª. Adelaida Luque comentó que, ni siquiera cuando se estaba sentada en una silla baja cosiendo, se podían cruzar las piernas para facilitar el trabajo, pues eso suponía una "falta de modestia". No todo se lo atribuyen a la moral de las monjas, sino también de la época. Igualmente Dª. María del Carmen Durán recuerda que se tenía que duchar con camisón  y que a las internas las sacaban de clase por turnos para que se ducharan. Los uniformes que se ponían  para jugar al baloncesto, es decir, los trajes de deporte, los cuales vimos en las fotos, eran vestidos, debajo de los cuales llevaban puchos hasta la rodilla. 

En los ratos de recreo jugaban al látigo, tocateja, a las tabas, al palmetazo (dos equipos frente a frente, una componente daba una palmada a una alumna de los del otro equipo y ésta salía corriendo para pillarla), patinaban en el patio del Ave María y recuerdan que no podían estar solas, aisladas, en el recreo, pero tampoco en grupos de más de dos. 

Algún alumno estaba interesado por conocer la forma en la que el colegio era condicionado, no sólo por el contexto sociocultural sino también por el contexto histórico-político. Las antiguas alumnas afirmaron que el colegio estaba influido por la ideología franquista, como era lógico: las profesoras de gimnasia eran de la Falange, de la sección femenina y tenían una asignatura llamada "Formación del espiritu nacional".

Tuvo la amabilidad de explicar a los niños Dª. María del Carmen Ruiz de Velasco lo que eran las chascas, que describió como unas castañas de gran tamaño las cuales servían para dar toques de atención. Las alumnas en aquel entonces conocían perfectamente el ruido de las chascas de cada una de las monjas. Cuando ellas escuchaban este sonido, automáticamente sabían que algo habían hecho o estaban haciendo mal
: entonces tenían que recolocarse en su sitio en la fila y si las habían pillado con las manos en la masa, haciendo travesuras, sabían que alguna reacción de la monja cabía ser esperada. 


Se proyectaron fotos en las  que reconocí a mi madre, uniformada, como las demás, con los zapatos "Gorila" que todas llevaban con calcetines blancos o medias gruesas, según la edad. Bastante más antigua era la foto en la que se veían a la abuela de Dª. Sarpi, la primera promoción de alumnas de la Compañía de María de Jerez, con el uniforme de color claro que vestían tiempo ha y la vegetación del jardín aún más profusa que en los años cincuenta. Me sorprendió gratamente el interés de nuestros alumnos por seguir sembrando árboles en el jardín para que recuperara el aspecto que tenía antes. Las antiguas alumnas preguntaron por una encina que daba bellotas riquísimas y que resultó no ser la que tenemos en el patio del Ave María (que también existía entonces), sino otra situada antiguamente enfrente de ésta. Marta Sambruno les preguntó si habían estado alguna vez en el sótano. Dª. Adelaida Luque había dado clase en el sotano con madre Lavinia, solas las dos, para preparar la reválida de 4º. A la religiosa, que era gallega, le molestaba el calor, y se refugiaba de esta parte de él dando clases en el sótano, y otras veces, sobre los escalones de mármol. 

Concluyeron la charla hablando de los columpios y diciendo que no se les daba importancia a las caídas de los niños, ni a las lesiones que solían traer aparejadas. Si se rompían un brazo, era mala suerte ("¡vaya por Dios!", era la expresión)  y huelga decir que no se tomaban medidas contra el colegio.
 Los huesos de damasco, el tocaté, la comba, el pañuelo atado a un árbol, eran juegos también típicos.  


Dª. María del Carmen Durán se quedó con ganas de haber hablado de las bandas que se daban a las niñas cuando se entregaban las notas finales y que llevaban los días de gala, junto con las medallas, puños, velos, guantes, etc.: la banda rosa era la más importante, a la que seguía la de excelencia, de color celeste y las dos de conducta, blancas, de distintas anchuras; también había bandas verdes, de "aprovechamiento". Posteriormente el número se redujo a tres: la de excelencia y las de conducta. Doña Mercedes de la Cuadra preguntó a los niños casi al principio de la charla con qué se les premiaba la buena conducta. En la Compañía de María el máximo galardón que recibe un alumno es el  premio Patricia Bazán, con que se premia la trayectoria del alumno en su paso por el colegio y se entrega en el último curso. El mejor compañero de cada clase de 4º ESO porta la imagen de la Niña María, una vez bajada del paso, hasta el altar. Hay otro tipos de premios que se dan al aprovechamiento y  buenas notas, concursos, etc.

Después de esta agradabilísima charla, acompañamos a las alumnas a dar una vueltecita por algunos lugares del colegio. En el patio del Ave María estaban los alumnos de Infantil, ensayando la procesión, entre los cuales Dª. Sarpi pudo saludar a su nieta Margara. Algo más adelante, Dª. Dolores saludaba a 

su nieta Beatriz, que hacía deporte. Da gusto que las antiguas alumnas puedan ver cumplido su deseo de que sus nietas sean educadas en un colegio que tanto significa para ellas, un colegio, además, que, como Santa Juana de Lestonnac, se adapta maravillosamente a los tiempos, acompasándose, sin renunciar a sus raíces, a su esencia, al amor al Señor y a la Virgen, que se respira en cualquier rincón del mismo y en cualquier época del año.




Los alumnos y la directora, Dª. Elena Aguilar, acompañaron a las antiguas alumnas a la gruta, restaurada e inaugurada hace dos años. Allí, Dª. Sarpi Guerrero nos contó que su abuela recordaba que la isla central donde ahora canta el coro estaba rodeada de agua, donde había barquitas en las que ellas remaban los días de asueto. Dª. María del Carmen Ruiz de Velasco dice que en ocasiones subían al montículo de la gruta, donde, según Dª. Dolores Jurado y sus amigas, había conejitos. Desde allí se podía ver la calle y esto les encantaba a las alumnas. Es curioso pensar que cuando se está dentro del colegio se anhela el exterior y cuando ya se sale se añora muchísimo el colegio. Esto os ocurrirá a vosotros, queridos alumnos, una vez dejéis el colegio en Junio: entonces comenzaréis a recordar con cariño y nostalgia los años pasados aquí. Así que seguid el consejo de 
estas sabias y bondadosas antiguas alumnas: aprovechad el tempo que pasáis aquí, participad en todo lo que se os proponga, dejaos contagiar del espíritu del colegio, que es el de Santa Juana, transmitido a través de las eucaristías, de la dinámica de las clases, de las numerosísimas actividades con las que pretendemos, en comunidad y desde un proyecto común, educaros por y para la vida, con cabezas bien hechas más que bien llenas, mediante una relación que acompaña, integra y hace crecer, siguiendo en todo ello los dictámenes de nuestra Fundadora.


Antes de terminar, me gustaría agradecer mucho su solicitud y amabilidad a las antiguas alumnas, Dª. María del carmen Durán, Dª. Carmen Ruiz de Velasco, Dª. Sarpi Guerrero, Dª. Adelaida Luque, Dª. Mercedes de la Cuadra, Dª. Dolores Jurado, Dª. Angelita del Junco, que se esforzó muchísimo por venir aunque no pudo, y a Dª. Carmen Gavilán, que, aunque finalmente no vino, estaba muy ilusionada con participar en la actividad (las esperamos el año próximo, junto a las demás -de hecho, Dª. María del Carmen Durán ya está ideando y planificando la próxima reunión-). Este tipo de actividades son interesantes porque fomentan el espíritu de la Compañía de María en los alumnos actuales, se transmiten ideas y valores de otra época que merecían la pena, se ayuda a los alumnos a apreciar las instalaciones y el colegio en sí como si fuera un gigantesco ser con alma, el alma formada por todas estas generaciones de alumnas que quieren al colegio y por todos esos profesores y docentes que con su trabajo han ayudado y ayudan  a mejorar la sociedad según los planes de Dios con la mediación y ayuda de Santa Juana de Lestonnac.










6 comentarios:

teacher chiara dijo...

It must have been a very nice experience!
i think it is important to have the chance to meet and talk with people who have had experiences similar to ours before us!
Kisses
Chiara

Señorita Diana dijo...

You are right, Chiara. It has been very interesting for all of us.
Kind regards.

Neha Rodríguez dijo...

¡Hola Señorita Diana!
El otro día pasé un rato muy agradable con las antiguas alumnas del colegio. Mi abuela Aurora es mayor que ellas,porque ya tiene 87 años,pero me cuenta cosas muy similares. Una de sus anécdotas favoritas es contarme que cuando lograron reunir a las 100 alumnas hicieron una fiesta. Ella estuvo en el colegio a partir del año 1930 y las cosas eran muy distintas a las actuales. En la iglesia se sentaban delante las alumnas de pago y detrás las que acudían por beneficiencia. El uniforme era blanco con medias negras. Don Carlos tiene una foto que le llevé de aquella época. Mi madre y todas mis tías también me uentan cosas muy divertidas. Espero que en un futuro mis hijos también vayan a este colegio y pueda contarles todas nuestras vivencias.
Un saludo

Señorita Diana dijo...

Hola, Neha:
La verdad es que lo pasamos todos estupendamente.
¡Qué bien lo de tu abuela Aurora!
¿No podría venir un día a hablar con nosotros? Ya hablamos.
Un beso.

Anónimo dijo...

¿En qué año pudieron los varones ingresar en el colegio Compañía de María?

Señorita Diana dijo...

Se reconoció la admisión oficial de varones en el año 1986, cuando un grupo reducido de chicos, que habían estudiado Preescolar en el colegio,hijos de profesoras, pasaron a EGB, en vez de irse a otros centros cuando comenzaban esa etapa, que es lo que habían hecho en años anteriores otros hijos de profesoras que también cursaron preescolar aquí.
Estos niños entraron en 1983 en el colegio, en preescolar, y en 1986 en EGB, ya reconocida oficialmente la admisión.
Espero haberla ayudado.