miércoles, 31 de octubre de 2012

¡Don Javier Sin Par!

Nuevo seguidor del blog, y esta vez seminarista,...bueno,...diácono y casi a punto de ordenarse sacerdote. Estos señores para nosotros van a ser siempre "los seminaristas", pues como tales los conocimos.

Don Javier es el seminarista Sin Par (erre que erre con eso de los seminaristas), aquel que se comprometió a tocar las campanas del colegio el día de Santa Juana de Lestonnac, cuando el resto de sus compañeros imaginaba un sueño matutino feliz tras el largo viaje que iban a emprender a Portugal durante la visita del Santo Padre en 2010.

Ni corto ni perezoso ("ni perezoso", repito), se levantó tempranito y puso todo su empeño en dar la bienvenida al día de Santa Juana  por medio de las campanas, lo que le ganó el sobrenombre de "Sin Par" y mi agradecimiento eterno.

De nuevo le doy las gracias por hacerse seguidor del blog... ¿Se encuentra vd. actualmente en Roma, como don Sergio?

¡¡Un saludo y muchas gracias!!

¡Sólo faltan cuatro seguidores para los 300!

martes, 30 de octubre de 2012

¡Nerea del Valle!

Por lo que he podido leer, el nombre de Nerea procede del vasco, "Nere", que significa "la mía". AL no estar permitido en la época franquista registrar  alos niños con nombres vascos, lo asimilaron a Nereo, que existía en aquel entonces, registrándolo como la forma femenina de "Nereo".

San Nereo era un santo cristiano, uno de los primeros mártires del cristianismo. EL nombre procede del griego, idioma en que significa "mojado", ya que parece ser que en mitología era el dios de las olas. Fue el padre de las nereidas, cincuenta ninfas de los mares que nadaban por el mar Mediterráneo ayudando a los navegantes, montadas en delfines, caballitos de mar y otras criaturas marinas y formaban parte del séquito de Poseidón.

Las nereidas simbolizan todo lo que de hermoso y amable hay en el mar. Nuestra Nerea, lo mismo, pero no en el mar...aunque a partir de ahora me la voy a imaginar con corona de coral, nadando en los mares, como la sirenita.

¡Gracias, Nerea!

¡Quedan sólo cinco personas para llegar a los 300 seguidores!

lunes, 29 de octubre de 2012

¡Señorita Lourdes!

Una de las señoritas más marchosas del colegio me honra con su seguimiento del blog. Las profesoras puntúan doble, dado que hay más alumnos que profesores (afortunadamente para los alumnos); la señorita Lourdes, además, tan entregada a su trabajo, tan querida por los niños, ha de puntuar el triple, al menos.
¡Muchas gracias, señorita!
¡294 seguidores! Ya sólo quedan seis para los 300...Miedo me da...

¡Gonzalo Becerra!

Con Gonzalo, de 4º B, ya somos 294 en el blog. Me abruma tener a esta cantidad de músicos en el mismo... Como organicemos un día un concierto los seguidores del blog que tocan algún instrumento, no vamos a caber en el patio árabe...
¡Muchas gracias, Gonzalo!

viernes, 26 de octubre de 2012

Me "resonaron"

Me hicieron la resonancia magnética tan anhelada por mí. No es que estuviera deseando tumbarme en esa camilla y que nos introdujeran (a la camilla y a mí; hice buenas migas con la camilla) en ese tubo, estilo ataúd, en que tuve que permanecer una hora inmóvil, no. La razón de mi interés es que me gustaría volver a dar clase lo antes posible y para ello tienen que confirmar el diagnóstico con dos resonancias.

Las letras me sirvieron más que los números mientras me hallaba en aquel féretro tecnológico. No abrí los ojos para no advertir  lo cerca que la parte superior del tubo estaba  y evitar así la claustrofobia ("claustrum" en latín, encierro -de ahí viene claustro- y "fobia", miedo).

Me tumbé, cerré los ojos y sentí el impulso que la señorita dio a la camilla hasta encajarla  en el túnel aquel (encajarnos, porque a mí me puso unas almohadillas a los lados de la cabeza, para inmovilizarme, que parecía yo empaquetada para transporte).

Lo primero que hice una vez comencé a escuchar los estruendosos sonidos de la máquina, que duraron la hora entera, con intermitencias, fue rezar. Lo siguiente, entregarme a las letras, que ya digo que me dieron mejor resultado que los números. Primero, las rimas de Bécquer (vosotros las Leyendas y yo las rimas), fueron recitadas una por una (interiormente, claro, porque no debía mover ni un músculo) y después, el monólogo de Segismundo. Fueron estos versos suficientes para aliviar la angustia de sentirme encerrada. Los repasaba mentalmente muy despacio, fijándome en las palabras y en el mensaje. Las palabras y las oraciones que repasaba en los poemas, me conducían a momentos de mi vida, me sacaban de allí, de ese cofre ruidoso. A partir de ellas, imaginaba situaciones, recordaba a personas, anécdotas... La primera que recité fue ésta:

Como se arranca el hierro de una herida
Su amor de las entrañas me arranqué
Aunque sentí al hacerlo que la vida
Me arrancaba con él.

Del altar que le alcé en el alma mía
La voluntad su imagen arrojó
Y la luz de la fe que en ella ardía
Ante el ara desierta se apagó.

Aún para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz.
¡¿Cuándo podré dormir con ese sueño
En que acaba el soñar?!

Mientras recitaba el primero de los versos imaginaba una herida causada por una bala y unas pinzas separando el metal de la piel de un soldado que casi veía, con un uniforme azul (podría haber sido de otro color, pero me lo imaginaba azul; hasta los botones de la casaca podía percibir en mi imaginación). Entonces recordé guerras que se han librado, y las causas y consecuencias de estos conflictos. Recordaba a una de  mis profesora de Historia y a mis compañeras de clase; una anécdota de cuando me explicaron la Segunda Guerra Mundial; pensé en Garibaldi...Con este primer verso vencí muchos minutos de resonancia.

Seguí pensando. Sentí el dolor parecido a la mutilación que padeció el autor cuando voluntariamente tuvo que olvidar a su amada y vi a la voluntad personificada, con genio tirar la imagen que había en su altar, que en mi visión era similar al de la capilla de nuestro colegio...la mente es así, ata realidades que quedarían si no distantes una de otra. Y vi apagarse la vela en nuestra capilla y recordé la narración de Beatriz Muñoz; luego, una lucha encarnizada entre el firme empeño de olvidar a alguien y la visión de esa persona... El deseo de la muerte, que me hizo recordar a don Alberto, y también a la señorita Elena y su familia, que están pasando malos momentos. Recé de nuevo.

La siguiente rima (ya habían pasado unos cuantos minutos) fue ésta:

Yo me he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo
Y les he visto el fin o con los ojos
 o con el pensamiento

Mas ¡Ay! de un corazón llegué al abismo
Y me incliné por verlo
Y mi alma y mis ojos se turbaron
¡Tan hondo era, y tan negro...!

Aquí sentí vértigo. Me acordé del salto al vacío del danés desde el espacio. Y miraba mis pies en el borde de un precipicio oscuro...

Esto fue lo siguiente.

En la clave del arco mal seguro
Cuyas piedras el tiempo enrojeció
Obra del cincel rudo campeaba
El gótico blasón...

Etcétera, etcétera...Así durante una hora. Me concedieron dos "recreos", pues me sacaron del túnel para amortajarme, ya que  eso parecía que hacían conmigo, que estaba tan quieta y tumbada: me colocaron unas antenas (así las llamaba la enfermera, muy agradable) blandas en las orejas (yo, preciosa) y otra vez me metieron en el horno para que me cociera un poco más. Debieron verme un poco cruda.
Otra vez, doce minutos más tarde, me sacaron de mi encierro para inyectarme una sustancia que provocaba un contraste, necesario para la interpretación correcta de la prueba. Y adentro de nuevo...

Entre verso y verso, escuchaba los sonidos de la máquina, que interpretaba yo como verbales, aunque no lo eran. Yo percibía: "papi, papi, papi, papi..." ; el siguiente mensaje que percibía era contradictorio: "papi no, papi no, papi no..."; después "no tires, no tires, no tires..." (yo pensaba en el cablecito del timbre, que tenía en la mano, pero no iba a tirar de él); más adelante me pareció que la máquina me insultaba con un sonido semejante a "ztúpida, ztúpida, ztúpida..." Y ya dejé de prestarle atención, porque para recibir insultos no estaba una, y menos si eran insultos dichos  con el acento de la serpiente Kaa.

La enfermera me dijo que sólo quedaban siete minutos y decidí hacer un experimento: pasarme a los números. Pensé en cómo de rápidamente percibiría el paso del tiempo si contaba los segundos comprendidos en esos siete minutos finales. Me cansé al segundo diez ("segundo" entendido en la expresión como nombre, no como determinante ordinal), y pensé en lo aburrido que es el sistema decimal, pues,¿qué me quedaría ya en adelante si seguía? : el veinte, el treinta, cuarenta...hasta el sesenta y nuevamente el uno...y en otra parte de mi mente, mantendría guardado el minuto que llevaría contado (bueno, descontado), para sumarle otro minuto, y así hasta siete. Pensé en la señorita Ada. Ella seguro que no se aburriría haciendo operaciones de cálculo mental, logaritmos, etc. Pero yo soy de letras.

Esto, que no necesitaba ratificación, lo constaté antes de ayer durante la resonancia: soy de letras. Las letras me aportan más que los números (en situaciones de este tipo al menos); abren las puertas a mundos infinitos, en los que una se puede fijar en todo tipo de objetos y personas, rostros, facciones, desde cosas muy grandes y notorias (concretas abstractas, da igual) hasta detalles mínimos. La combinación de los fonemas da lugar a palabras con significado (unas, significado gramatical y otras, léxico, que es el significado divertido y entretenido en las resonancias magnéticas). Sin embargo, la combinación de números da lugar a otros números, sólo a eso. Aunque es cierto que también los números son símbolos que representan realidades, pero ¿qué queréis que os diga? Puestos a elegir, prefiero las letras.

¿Y qué me decís de la importancia de la vida interior, del pensamiento unido al lenguaje? Esto duró una hora, una hora en la que las palabras me acercaban realidades lejanas para  mí en ese momento y me aliviaban la carga, pequeñísima carga, si se compara con otras peores. Sólo fue una hora. Pero  sigo viviendo conmigo, y, a pesar de que "yo" y "yo" no estamos tan solas en ese tubo acústico en la vida diaria, a veces sí que una se encuentra con una misma en la soledad. Hay momentos en la vida que son de interiorización, de soledad o de incapacidad para hacer cosas (sea por lo que sea). La vida interior, la lectura de la que se pueda extraer provecho, la vida espiritual y el pensamiento son buenos acompañantes en esos momentos. Nuestro tiempo aquí es finito. Hay que aprovecharlo bien. Momentos de reflexión como el de la resonancia ayudan a comprender esto y a emprender un programa de aprovechamiento del tiempo...Tampoco es plan de sentirse angustiada, pero sí de organizarse bien.

¡Lo que da de sí una resonancia! ¡Parece que me he ido de ejercicios espirituales!

Bueno, a partir de hoy, os dejo en buenas manos. Siempre lo habéis estado; me refiero a que la profesora sustituta llega hoy al colegio. Que os vaya bien. Iré escribiendo cositas de vez en cuando en el blog.¡Portaos bien y suerte con los exámenes!

Pepito, a little merry mouse in Sherryland VI

Part VI

jueves, 25 de octubre de 2012

Me ha pasado algo


Ya os contaré cuando vuelva lo que me ha pasado en un acto comunicativo con una persona desconocida para mí, la señorita que me ha atendido en la clínica. De momento , os paso el cuento de Jorge Bucay al que me ha recordado este acontecimiento. ¡Recordadme vosotros que os tengo que contar lo que realmente ocurrió, por favor!



"Había una vez, un gurú que vivía con sus seguidores de ashram en la India.
Una vez por día, al caer el sol, el gurú se reunía con sus discípulos y predicaba.
Un día, apareció en el ashram un hermoso gato que seguía al gurú por dondequiera que él fuera.
Resultó que cada vez que el gurú predicaba, el gato se paseaba permanentemente por entre los discípulos, distrayendo su atención de la charla del maestro.
Por eso, un día, el maestro tomó la decisión de que cinco minutos antes de empezar cada charla, ataran al gato para que no interrumpiera.
Pasó el tiempo, hasta que un día el gurú murió.
El discípulo más viejo se transformó en el nuevo guía espiritual del ashram.
Cinco minutos antes de su primera prédica, mandó a atar al gato.
Sus ayudantes tardaron veinte minutos en encontrar al gato, para poder atarlo...
Pasó el tiempo, hasta que un día murió el gato.
El nuevo gurú mandó que consiguieran otro gato para poder atarlo.



Lo que sucede es que, como siempre, de una pauta realmente útil en ciertas circunstancias, se ha hecho una generalización absurda..."

Jueves, día de canción

Quería compartir con vosotros esta canción que escucho a menudo en la tele, porque aparece en un anuncio.



Come together

Here come old flat top
He come groovin' up slowly
He got joo joo eyeballs
He one holy rollers
He got hair down to his knee
Got to be a joker
He just do what he please

He wear no shoeshine
He got toe jam football
He got monkey finger
He shoot Coca Cola
He say I know you, you know me
One thing I can tell you is
You got to be free
Come together, right now
Over me

He bad production
He got walrus gumboot
He got Ono sideboard
He one spinal cracker
He got feet down below his knees
Hold you in his armchair
You can feel his disease
Come together, right now
Over me

He roller coaster
He got early warning
He got muddy water
He one Mojo filter
He say one and one and one is three
Got to be good looking
Cause he's so hard to see
Come together right now
Over me

Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah
Come together, yeah

¡Fátima Chazeta!

Es seguidora del blog  desde ayer la única niña que , a pesar de presentar una  falta de ortografía en su apellido, no va  a tener que hacer un soneto, porque su apellido...¡se escribe así!
¡Muchas gracias, Fátima! Esto va viento en popa (y a toda vela).
¡Ocho personas!
¡Muchas gracias, Fátima!

Hay palabras que duelen; unas más que otras.


¡Qué suerte, comunicarse sin trabas!
 ¿Por qué "qué suerte"?

No nos damos cuenta, pero al cabo del día, realizamos cientos de actos de comunicación.

Comunicamos con los gestos; comunicamos con la ropa; comunicamos con la distancia a la que nos situamos del interlocutor...

La comunicación no verbal es importante, aquella para la que no se emplean palabras. Si vamos a un entierro, no llevaremos una camisa llamativa de flores que nos señale, sino un atuendo que manifieste nuestro pesar y respeto hacia el difunto y la familia; si hablamos con nuestro interlocutor de lejos, quizás le estemos transmitiendo nuestro deseo de concluir la comunicación, puesto que es incómodo y poco recomendable gritar para entenderse;...si levanto la ceja y miro fijamente a un alumno de la clase que se está riendo, le estoy indicando que se calle...Este mensaje lo interpretan los niños enseguida y perfectamente. Lo pude notar el día del envío de catequistas. Había unos cuantos de tercero charlando en la capilla (ya los cogeré el año que viene, si Dios quiere, cuando estén en 4º, y les daré para el pelo) y nada más mirarlos, supieron que tenían que callar. Mirada asesina que la llaman.


Para esto no necesito las palabras. Es comunicación no verbal (verbum,-i en latín significa palabra). Ahora bien, ¿qué puedo transmitir mediante la comunicación verbal, mediante las palabras?...Todo esto que os escribo hoy, por ejemplo. Ahora estoy valiéndome de mi capacidad para comunicarme verbalmente, del lenguaje, para escribir este artículo, ya que hablar no puedo. ¿Sigue siendo comunicación verbal? Sí, puesto que están implicadas las palabras, sólo que escritas. Para ello hay un canal estupendo, como me decía la madre de Delfina, encantadora (madre e hija): "para estas cosas internet es genial".

Estamos en que yo me puedo comunicar por escrito verbalmente. Podría también hacer un dibujo para comunicarme, pero entonces no me entenderíais, porque no es un código que yo esté acostumbrada a usar, ni Dios me ha dado talento para ello, ni yo he ejercitado esta habilidad del ser humano. La señorita Mariola, por ejemplo, además de expresarse verbalmente de forma impecable, también se comunica por medio de la pintura...y Noelia López expresa emociones, sentimientos, mediante la danza. Son formas de comunicación no verbal; y María Romero e Isabel Gil saben expresarse de forma maravillosa con su voz (estoy deseando escucharlas cantar).

Yo no sirvo ni para dibujar ni para bailar  ni cantar. Lo mío es la comunicación verbal (por la logorrea que tengo, lo digo, no por la calidad o corrección de mis mensajes). Quizás, como no tengo talento para otra cosa, me regocijo expresándome por medio de las palabras. Casi todo el mundo usa esta forma de expresión. ¿Por qué casi todo el mundo y no todo el mundo? Pues porque hay personas que no pueden hablar o no pueden hablar bien. ¿Quiénes? Personas que han tenido un problema en algún punto del aparato de la fonación, sea, por ejemplo, un labio leporino, un paladar hendido, una lesión en algún órgano debido a un traumatismo, un golpe o un accidente vascular, por ejemplo. Hay personas que debido a un accidente automovilístico, por ejemplo, se seccionan la lengua ; imposible articular los sonidos lingüísticos con normalidad; otras que sufren trombosis y quedan con una parálisis; a algunas personas les faltan dientes, y no pueden hablar bien; cuando nos acatarramos, impedimos la salida de aire por culpa de la mucosidad. La lesión puede estar en los órganos articulatorios (labios, paladar, dientes, lengua). Éstos reciben las órdenes del cerebro, que puede sufrir también alguna lesión, de forma que sea incapaz de enviar el mensaje al aparato locomotor..; si hay un problema pulmonar o bronquial, o en el diafragma o en la tráquea o laringe, el aire puede no llegar bien a la boca, o no llega con la vibración necesaria,...Estudiaremos esto más adelante. De momento, lo que quiero es que penséis la cantidad de elementos de que depende nuestra comunicación y deis gracias a Dios por poder hablar (¡y escuchar!)

En mi caso, el problema no es cerebral (estoy un poco como una cabra, pero esto es otra cosa); tampoco es pulmonar, ni de tráquea ni de faringe o laringe (a veces tenemos faringitis o laringitis, como la señorita Mercedes hace relativamente poco tiempo, y nos quedamos roncos y cuesta trabajo comunicarse oralmente; y los profesores a veces desarrollan nódulos-de esto la señorita Mariola sabe mucho-, por lo que agradecemos mucho el silencio del alumnado). Mi problema es articulatorio. Pero ni la lengua, ni los dientes, ni los labios, ni la mucosa de la boca (una llaga  a veces dificulta la pronunciación, puesto que duele y al articular, roza la lengua o el interior de la mejilla, etc.),...Nada de eso. Todos los años explico cómo interviene cada parte del cuerpo en la fonación, en la producción de los sonidos lingüístico, esto es , en el habla. Y menciono los labios, los dientes, la lengua, el paladar, la tráquea, la laringe, las cuerdas vocales, la faringe, los pulmones y el diafragma. Peor hasta ahora nunca había mencionado las mandíbulas. Mi problema de salud me va a servir para incluir éste como órgano importantísimo en el habla.

En la articulación de la mandíbula superior y la inferior, esto es, en el punto donde se unen, hay un disco que las separa. Cuando alguien padece de bruxismo, como yo, puede llegar a apretar tanto las mandíbulas una contra la otra que hace que ese disco se desplace, que cambie de posición. Esto implica  el estiramiento del músculo y de otros músculos de la cara que van unidos a él, lo cual trae aparejado normalmente, fuertes dolores de cabeza , de oído, de mandíbula, e incluso de dientes. Otra consecuencia es la dificultad para hablar (y comer), puesto que al abrir y cerrar la boca, que es algo que debemos hacer para pronunciar los distintos sonidos lingüísticos (unos requieren de mayor o menor apertura de la boca), la mandíbula inferior se mueve hacia detrás o delante, según el sonido que articulamos.

Cuando me explicaban en el colegio  que la "i" era una vocal anterior y la "o" era posterior, no lo veía nada claro. Cuando decía en voz alta "eo" o "iu" notaba ese desplazamiento de la boca hacia detrás para pronunciar la segunda parte de estas secuencias. Es algo que hacemos sin darnos cuenta...Pero cuando duele hacer eso...¡Ay, cuando duele! Se piensa una mucho las palabras que usar (unas duelen más que otras...dicen que las palabras a veces duelen, pero no imaginé nunca un dolor físico).


¿Y tanta falta nos hace la comunicación? ¿Por qué?

En este tema veréis las funciones de la comunicación (expresiva, representativa, metalingüística, poética y fática). Yo ahora repaso las funciones de las que me veo privada por no tener la posibilidad de comunicarme oralmente como lo he hecho hasta ahora.
Pues mirad, la comunicación tiene muchas funciones. La comunicación verbal nos sirve para:

1. Agradecer (simplemente dar las gracias- pronunciar la palabra "gracias" no me duele mucho, pero si me alargo, sí, porque uso otras palabras que provocan la retracción de la mandíbula inferior, lo cual no me conviene).
2. Pedir (por ejemplo, que se cierre la ventana, o una firma, un favor...).
3. Protestar (sí, una es un poco refunfuñona ¿qué le vamos a hacer?)
4. Pedir permiso (fundamental, si tienes un mínimo de educación).
5. Explicar algo (a vosotros, por ejemplo, o dar una dirección por la calle o explicar lo que me pasa, mi problema de salud, como estoy haciendo ahora...si esto lo tuviera que explicar oralmente, me ocstaría más trabajo...).
6. Cotillear (¡cómo duele no poder hacerlo!...y hacerlo duele más).
7. Mostrar cariño (decir  a alguien que se le quiere; esto es importante de verdad).
8. Mantener una conversación por educación (cuando nos cruzamos con un vecino...hay que hablar del tiempo, claro).
9. Bromear (el sentido del humor es fantástico para la vida diaria; nos da vida, la risa, una terapia ¿qué haríamos sin estos momentos).
10. Desahogarnos (contar nuestras penas, nuestras inquietudes, ansiedades...seguro que tenéis uno o más confidentes, si no...buscadlos ya).
11. Debatir (tenemos que buscar la verdad, y argumentar nos sirve para razonar)
12. Cantar (expresamos nuestra alegría o tristeza y a la vez, contribuye a animarnos y animar a los demás).
13. Saludar (cuando saludamos, expresamos nuestros deseos de que la persona con quien nos encontramos pase un buen día, tarde, noche...; es un  gesto cargado de atención y amor al prójimo).
14. Preguntar (el precio de algo, lo que entra en un examen; interesarse por la salud de alguien...)
15. Pedir perdón (a menudo nos equivocamos; no somos perfectos; es un acto de atención a los demás y de contrición el pedir perdón).
16. Rezar (en la iglesia se reza en voz alta, y también me duele cuando rezo).

Y muchas cosas más. Éstas son las que se me han ocurrido ¿podéis pensar en algunas funciones más de la comunicación?

Imaginaos si tuvierais problemas a la hora de comunicar cualquiera de estas cosas. No los tenéis. Pues aprovechad, hablad (en clase unos con otros no; he usado el verbo hablar, no cacarear), cantad y reíd.

En este artículo he explicado las funciones del lenguaje y una parte de la fonación, que son contenidos del tema 2. Seguiré insistiendo en ello. Mientras tanto, seguid mi consejo y disfrutad de la vida (estudiando también se disfruta; más que sin estudiar, aunque no lo creáis; estamos aquí para multiplicar los talentos y poner a nuestras personas al servicio de los demás; esto nos hace feliz; el intercambio comunicativo nos enriquece, si se hace como se debe...sed conscientes de la facultad del lenguaje y de la comunicación, estad contentos con ella y sacad buen partido de ella; enriqueceos y enriqueced a los demás...que el mundo mejore así).

Por último: ¿qué falta de ortografía encontráis aquí?

miércoles, 24 de octubre de 2012

¡Jerónimo!

Jerónimo Muñoz ha querido dividir sus afectos entre el Atlético de Madrid y mi blog. No voy a decir la proporción de afecto que toca a cada uno, porque lo que nos interesa es que ya es seguidor del blog.

No sé si habéis escuchado en alguna película aquello de "¡Gerónimo!". Es una exclamación que se usa para darse alguien fuerzas a sí mismo en una situación determinada de peligro, competición, etc. La expresión procede del nombre propio del indio Gerónimo, jefe de los apaches de Norteamérica (siglo XIX, precisamente el siglo que estamos estudiando en literatura) , conocido por su valentía y ataques contra los blancos, que habían asesinado a su familia (madre, tres hijos y esposa).

Pues ya sólo faltan 9 personas. Nos acercamos cada vez más a la meta. Id pensando cómo celebrarlo cuando lleguemos a los 300...
¡Gracias, Jerónimo!

Por cierto, el nombre deriva del latín Ieronimus y éste lo hace del griego "iero" (santo), "onomas" (nombre). Su nombre , por tanto , significa "santo nombre".

Soneto de Belén


Soneto de Belén... Parece que estamos en Navidad.

Belén Flores podía llamarse mejor Belén Hojas Secas, pues ha escrito un soneto muy otoñal:

Y por Septiembre que por septiembre era, 11 A
Donde los pajaritos siempre pían 11 B
Y muy alegres todos se veían 11 B
Cayendo hojas a mi vera 11 A


¿Donde fue mi querida primavera? 11 A
Que tristes pensamientos me venían 11 B
Muy pronto todas las hojas caerían 11 B
Hasta el retorno de mi compañera 11 A


El otoño se comenzaba a notar 11 C
Paseaba mientras las hojas caían 11 D
Ya sentía las largas horas pasar 11 C


Mientras todos en sus casas dormían 11 D
Caminando por el río me encontraba 11 E
Cuando una bella flor aún resistía 11 D

martes, 23 de octubre de 2012

¡Isidro Mateos!

¡El alumno de mi tutoría al que le gustan los toros sigue mi blog!¡Qué alegría, saber que estoy al mismo nivel de las corridas de toros!
Isidro eleva la cifra de seguidores a 290, número redondo Esto significa que sólamente quedan diez personas para llegar a nuestro objetivo del curso, los 300 seguidores.
¡Venga, venga! ¿Quién falta?
Un saludo, Isidro, y muchas gracias.
Espero estar pronto con vosotros.

¡Javier Álvarez!

El capitán de 4º ESO B, Javier Álvarez, delegado de la clase, es el último seguidor del blog.
Al final lo vamos a conseguir, llegaremos a los 300...¡Ya sólo faltan once personas!
Muchas gracias, Javier.
Un abrazo.
¡Vamos!
¡Y suerte a todos en los exámenes!

Envío de catequistas


El pasado martes 16 de Octubre asistimos al envío de catequistas en la capilla. Los catequistas son profesores, padres de alumnos, antiguos alumnos y padres de antiguos alumnos, que de manera generosa y con fines cristianos ponen su tiempo y persona a disposición de los alumnos y del colegio.

Para celebrar el inicio de las catequesis de preparación para la primera Comunión, la Confirmación y grupos de poscomunión  el capellán del colegio, don Francisco Párraga, ofició una eucaristía, que fue preparada por el equipo de pastoral.

Los catequistas implicados en la formación espiritual de nuestros niños son los profesores don Francisco Marín, don Jesús Isla, don Carlos Martínez, señorita Teresa Pérez, señorita Laura González. Ha de confirmarse la disponibilidad  de doña Teresa Núñez, madre de antigua alumna.
A ellos se suman los catequistas que preparan para la Primera Comunión los cuales son:


Dª Ana Muñoz (madre de alumnos);


Dª Blanca Lassaletta (madre de alumno);


Dª Gloria Ojedo (madre de la señorita  Carolina Rodríguez, antigua alumna también y profesora del colegio) ;


Dª Mª Jesús Pérez (madre de antiguos alumnos);


Dª Lourdes Sáinz (madre de  antigua alumna);


Dª Mite Gómez ( madre de antiguos alumnos);


Dª Dori Valverde (madre de alumnos );


Dª Montserrat Campos (antigua alumna );


Dª Reyes Millán (madre de  alumnos);


Dª Carmen Jaime Duarte (madre de  alumnos);


Dª Eva Martín (antigua alumna );


Dª Inmaculada Guerrero ( madre de alumnas);


D. Francisco Párraga (capellán y profesor del colegio);


Señorita Carolina Castrillón (coordinadora de las Primeras comuniones).

Ropero

Otra palabra que está en vías de extinción es "ropero". Tiene sabor a antiguo... Hace unos años escuché   desde mi habitación a un señor que paseaba de noche por la calle con alguna copita de más. La ebriedad  le hacía hablar con un tono de voz más alto de lo común, de forma que pude oír que espetó lo siguiente: "¡ése ha salido del ropero!".

Esta afirmación así expresada me causó mucha risa, por no haber usado el hombre la expresión a la que estamos acostumbrados: "salir del armario".

Antes de los años 60 o 70, la palabra "ropero" era la habitual para referirse al armario donde se guardaba la ropa. Después fue sustituida por "armario". El reemplazo me parece de lo más absurdo, puesto que "armario" significa literalmente "lugar para guardar armas" y  el sustantivo "ropero" indica su utilidad: contener ropa.

El armario de la cocina, el armario de la entrada, el armario del dormitorio, pero...el ropero...está en tu ropero; está en mi ropero; está en el ropero de Luis,.. Mucho más económico desde el punto de vista verbal, y más preciso.

La palabra "ropero" por otra parte (y ahora me refiero a su etimología), igual que el sustantivo "ropa", está emparentada léxicamente con el verbo "robar". Increíble, ¿no? 

La palabra "ropa", de origen germánico, es común a las principales lenguas romances. "Raubôn" significa en romance "saquear", "arrebatar", "robar con violencia". La raíz tuvo primero este significado de "despojos, botín" y después, de "mercancía" y "ropa".

La palabra "armario" también es antigua, pues ya los antiguos romanos contaban con el sustantivo "armarium" en latín, un sitio para alojar armas.

A ver quién es el valiente que se atreve a decir en su casa la palabra "ropero" en vez de "armario". ¿Cuáles serán la reacciones de los familiares?

lunes, 22 de octubre de 2012

Soneto de Candela


Candela, fiel a la realidad, escribió un soneto sobre el soneto que tenía que escribir. Un lío, ¿no? Pues os lo dejo para que lo disfrutéis.


Leyendo el Blog de Diana muy contenta
se motivó al ver la entrada al completo
hablaba del relato nada incompleto
de la ida de su perro no sangrienta

Al final de la entrada se dio cuenta
que tendría que escribir un soneto
con su rima, su métrica,¡ completo!
al descuidar la ortografía ¡Qué tormenta!

Ni en Jerez ni en Sevilla ni en Alájar
su mente le trasmite un buen soneto
trás la estancia lo intenta en el viajar

Siendo tan duro el intento, prometo
las normas ortográficas va a atajar
para no escribir mas otro soneto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Yo me moriré...

Es el primer verso de un poema de d. Juan Ramón Jiménez que dice así:


Yo me moriré, y la noche
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.


En la segunda estrofa habla de una brisa (¿quizás Dios?) , mientras reflexiona sobre su muerte, inexorable, como todas las muertes.

Mi mente extrajo el poema del recuerdo cuando leí la narración de Beatriz Muñoz, que ha querido compartir con vosotros al acceder a la publicación en el blog. Es impresionante y el tema está vinculado de alguna forma a la unidad 1 de lengua. ¿Alguien me dice por qué?

¿QUÉ SENTIMOS CUANDO NOS VAMOS?

La historia que os voy a relatar os parecerá sacada de un cuento de misterio o una película de miedo, pero fue real. Esta historia me la contó mi abuela hace un par de años una tarde de invierno. Cansadas ya de jugar a las cartas y ver la tele, empezamos a contarnos cosas curiosas que nos habían ocurrido. 

Yo, por mi corta edad pude,contarle muy pocas, y, aunque ella tan sólo me contó una, para mí fue tan impactante que no me quedaron ganas de escuchar más. Esa noche tuve que dormir con ella.

Corría el año 1950, en un pueblo de la provincia de Cádiz llamado Alcalá de los Gazules. Mi abuela había nacido allí y al ser éste un pueblo pequeño, se conocía casi todo el mundo. Estaba ella jugando con unos amigos en la plazoleta del pueblo, cuando llegó uno de ellos y les dijo a los demás: “Mi madre dice que Catalina,  la hija de Pepa Pulido,  ha enfermado de tuberculosis; que no se nos ocurra a ningún niño acercarnos por su casa, que es muy contagioso.”

En qué mala hora ese niño advirtió a los demás, pues ya se sabe que en este pueblo no sucedía  este tipo de acontecimientos todos los días y , además, los niños de nueve años , que era la edad de mi abuela en aquel entonces, sienten una curiosidad incontrolable. 

 Se comprenderá entonces que mi abuela, junto a su mejor amiga  planeara colarse en su casa para ver a la muchacha, pues siendo una de las más guapas del pueblo, querían saber si su belleza   pudo resistir la enfermedad.

Entraron en un momento en el que su madre estaba ocupada hablando con el médico y presenciaron un hecho que jamás olvidarían: la habitación de la enferma no tenía ventanas y la vieron postrada en la cama a la luz de una vela, como dormida. La observaron durante unos instantes y ella abrió los ojos y dio un suspiro estremecedor. Al volver a cerrarlos, sintieron cómo una brisa les traspasó, apagando la vela y al instante se dieron cuenta que la muchacha había muerto y vieron reflejada la paz en su cara donde antes hubo angustia. 

Las dos se quedaron petrificadas y la madre las sacó de allí a empujones, pero ellas jamás pudieron olvidar esa sensación y todavía hoy se preguntan de dónde salió ese viento sin haber ventanas en ese dormitorio.

¿SINTIERON EL ALMA SALIR DEL CUERPO O FUE IMAGINACIÓN?

 Mi abuela sigue pensando que tuvo la suerte de sentir algo que es muy difícil poder experimentar, pero que,  por supuesto, fue real.

sábado, 20 de octubre de 2012

Más fragmentos para comentar ; "Dibujamos literatura VII y VIII"

Una leyenda,...un fragmento de ella: El Miserere. Es completamente romántica (no me refiero al romanticismo ñoño y descafeinado, sino el de verdad, el del siglo XIX).


El MISERERE (el "miserere" es una canción para pedir compasión al Señor y se solía cantar en el oficio de tinieblas, los últimos días de la Semana Santa)

Hace algunos meses que visitando la célebre abadía de Fitero, (…) descubrí en uno de sus rincones dos o tres cuadernos de música bastante antiguos, cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones.(es una narración y como veis, el que habla ahora es el autor)
Era un Miserere.(se había encontrado un Miserere en un rincón de una abadía)
(…)
-¿Sabéis qué es esto? -pregunté a un viejecito que me acompañaba, (…)

El anciano me contó entonces la leyenda que voy a referiros.

Hace ya muchos años, en una noche lluviosa y oscura, llegó a la puerta claustral de esta abadía un romero, y pidió un poco de lumbre para secar sus ropas, un pedazo de pan con que satisfacer su hambre, y un albergue cualquiera donde esperar la mañana y proseguir con la luz del sol su camino (…) (todo esto se lo cuenta el anciano al narrador de la historia)

-Yo soy músico -respondió el interpelado-, he nacido muy lejos de aquí, y en mi patria gocé un día de gran renombre. En mi juventud hice de mi arte un arma poderosa de seducción, y encendí con él pasiones que me arrastraron a un crimen. En mi vejez quiero convertir al bien las facultades que he empleado para el mal, (…) si logro expresar lo que siento en mi corazón, lo que oigo confusamente en mi cabeza, estoy seguro de hacer un Miserere tal y tan maravilloso, que no hayan oído otro semejante los nacidos: tal y tan desgarrador, que al escuchar el primer acorde los arcángeles dirán conmigo, cubiertos los ojos de lágrimas y dirigiéndose al Señor: ¡misericordia!, y el Señor la tendrá de su pobre criatura.(…) (o sea, que el hombre que llegó a la abadía había hecho muchas cosas malas en su juventud y quería componer un miserere precioso para pedir perdón al Señor)

-Después -continuó- de recorrer toda Alemania, toda Italia y la mayor parte de este país clásico para la música religiosa, aún no he oído un Miserere en que pueda inspirarme, ni uno, ni uno, y he oído tantos, que puedo decir que los he oído todos.

-¿Todos? -dijo entonces interrumpiéndole uno de los rabadanes-. ¿A qué no habéis oído aún el Miserere de la Montaña?

-¡El Miserere de la Montaña! -exclamó el músico con aire de extrañeza-. ¿Qué Miserere es ése?

(…) Ese Miserere, que sólo oyen por casualidad los que como yo andan día y noche tras el ganado por entre breñas y peñascales, es toda una historia; una historia muy antigua, pero tan verdadera como al parecer increíble. Es el caso, que en lo más fragoso de esas cordilleras, de montañas que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla (con "ll", como veis...)  la abadía, hubo hace ya muchos años, ¡que digo muchos años!, muchos siglos, un monasterio famoso; monasterio que, a lo que parece, edificó a sus expensas un señor con los bienes que había de legar a su hijo, al cual desheredó al morir, en pena de sus maldades. (o sea, que un señor desheredó a su hij, porque éste era malísimo y donó ese dinero para haer un monasterio)  Hasta aquí todo fue bueno; pero es el caso que este hijo, que, por lo que se verá más adelante, debió de ser de la piel del diablo (qué bien expresado), si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que sus bienes estaban en poder de los religiosos, y de que su castillo se había transformado en iglesia, reunió a unos cuantos bandoleros, camaradas suyos en la vida de perdición que emprendiera al abandonar la casa de sus padres, y una noche de Jueves Santo, en que los monjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que iban a comenzar o habían comenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, saquearon la iglesia, y a éste quiero, a aquél no, se dice que no dejaron fraile con vida. (…)(Qué crueles!, Mataron a todos los frailes en venganza)

-Las gentes de los contornos se escandalizaron del crimen: de padres a hijos y de hijos a nietos se refirió con horror en las largas noches de velada; pero lo que mantiene más viva su memoria es que todos los años, tal noche como la en que se consumó, se ven brillar luces a través de las rotas ventanas de la iglesia; se oye como una especie de música extraña y unos cantos lúgubres y aterradores que se perciben a intervalos en las ráfagas del aire. Son los monjes, los cuales, muertos tal vez sin hallarse preparados para presentarse en el tribunal de Dios limpios de toda culpa, vienen aún del purgatorio a impetrar su misericordia cantando el Miserere (…)(¡¡¡uuuuhhhhh!!!) Ambiente de misterio, presencia de la muerte, lo sobrenatural, fantasía, religión, nocturnidad, evasión en el tiempo...Romanticismo en estado puro.


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La leyenda continúa y la leeréis en el libro del que os examinaréis en Noviembre. Para contrastar con esta pieza literaria, pego aquí un fragmento de la novela de don Benito Pérez Galdós titulada "Fortunata y Jacinta", que por el argumento, sería casi un culebrón, pero la maestría con que Galdós narra la historia la convierten en una novela muy conocida y celebrada en la literatura castellana.


Juanito Santa Cruz pertenece a una familia adinerada de Madrid (muchas de las novelas de Galdós se desarrollan en Madrid). En su juventud, llevaba una vida de disipación. Conoció a Fortunata, mujer de baja condición social, vulgar, basta en su escasa educación, inculta. Se encapricha de ella y mantiene una relación con Fortunata para abandonarla después. Su madre le prepara un matrimonio con su prima, Jacinta, que pertenece a su misma clase social. Pero el matrimonio no puede tener hijos. Varias veces Juanito se acerca de nuevo a Fortunata y la abandona una y otra vez, hasta que la deja embarazada y Fortunata muere desangrada tras el parto, dejando su hijo a Juanito y Jacinta.

Esta escena refleja el momento en que Juanito conoce a Fortunata. Fijaos las descripciones tan verosímiles de la casa y de la mujer. Son minuciosas descripciones propias del Realismo. Además, con toque naturalistas, puesto que Galdós pone el acento en cosas desagradables (ya veréis) y se fija en la clase social más perjudicada:



Juanito reconoció el número 11 en la puerta de una tienda de aves y huevos. Por allí se había de entrar sin duda, pisando plumas y aplastando cascarones (vaya tela, la entrada de la casa, una casquería). Preguntó a dos mujeres que pelaban gallinas y pollos, y le contestaron, señalando una mampara, que aquella era la entrada de la escalera del 11. Portal y tienda eran una misma cosa en aquel edificio característico del Madrid primitivo (verosimilitud; esto lo habría observado el autor en Madrid; los autores realistas tomaban nota de lo que observaban y lo plasmaban en sus novelas). Y entonces se explicó Juanito por qué llevaba muchos días Estupiñá, pegadas a las botas, plumas de diferentes aves. Las cogía al salir, como las había cogido él, por más cuidado que tuvo de evitar al paso los sitios en que había plumas y algo de sangre. Daba dolor ver las anatomías de aquellos pobres animales, que apenas desplumados eran suspendidos (no dice "colgados"; acostumbrémosnos a usar el registro formal del lenguaje) por la cabeza, conservando la cola como un sarcasmo de su mísero destino (¿Lo entendéis? La cola era lo único que les quedaba a eosos animales desplumados y esto era como una broma cruel). A la izquierda de la entrada vio el Delfín  (así llaman a Juanito) cajones llenos de huevos, acopio de aquel comercio (acopio, ¿qué significa?). La voracidad del hombre no tiene límites, y sacrifica a su apetito no sólo las presentes sino las futuras generaciones gallináceas. A la derecha, en la prolongación de aquella cuadra lóbrega, un sicario (se refiere al encargado como si fuera un asesino) manchado de sangre daba garrote a las aves. Retorcía los pescuezos con esa presteza y donaire que da el hábito, y apenas soltaba una víctima y la entregaba agonizante a las desplumadoras, cogía otra para hacerle la misma caricia (¡la misma caricia! ¡qué bueno! Si es que es un lujo estar aquí leyendo a Galdós; os quejaréis). Jaulones enormes había por todas partes, llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun allí los infelices presos se daban de picotazos por aquello de si tú sacaste más pico que yo... si ahora me toca a mí sacar todo el pescuezo.
Habiendo apreciado este espectáculo poco grato (poco grato, característica propia de lo reflejado por el Naturalismo), el olor de corral que allí había, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta víctima, Juanito la emprendió con los famosos peldaños de granito, negros ya y gastados. Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de Estado. El paramento era de fábrica cubierta de yeso y este de rayas e inscripciones soeces o tontas (os imagináis esa pared toda escrita, ¿no?). Por la parte más próxima a la calle, fuertes rejas de hierro completaban el aspecto feudal del edificio. Al pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo, Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó, una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural.(imaginaos el movimiento típico de las mozas de Madrid de la época, hasta de este detalle está pendiente el escritor; y fijaos en la animalización, propia del Naturalismo)
Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí -le preguntó- el Sr. de Estupiñá?
-¿D. Plácido?... en lo más último de arriba (habla mal, pero Galdós refleja el lenguaje tal como es, con sus vicios incluso; esto es Realismo literario) -contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»... (narrador omnisciente que conoce incluso los pensamientos de Juanito) Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo- Un huevo.
-¡Un huevo crudo! (asqueroso, ¿no?; más naturalista imposible)
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas -dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.
-Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? -replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no; le repugnaban los huevos crudos. (imaginad la clara curda del huevo resbalando entres los dedos)
-No, gracias.
Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior. Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo, y Juanito discurriendo por dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo: ¡Fortunaaá! (sigue describiendo los ambientes sórdidos, la costumbre de gritar de forma tan ordinaria) Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un yia voy ("yia voy" es lo que dijo Fortunata) con chillido tan penetrante que Juanito creyó se le desgarraba el tímpano. El yia principalmente sonó como la vibración agudísima de una hoja de acero al deslizarse sobre otra. Y al soltar aquel sonido, digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las escaleras abajo, que parecía rodar por ellas. Juanito la vio desaparecer, oía el ruido de su ropa azotando los peldaños de piedra y creyó que se mataba. 


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viernes, 19 de octubre de 2012

Las figuras expresivas o recursos expresivos, o figuras retóricas...todo esto sirve para referirse a ellas


Hay veces que mientras usamos el lenguaje, llamamos la atención sobre el código, la forma de crear el mensaje. Es el caso de la poesía y de la literatura en general, pero también creamos efectos de este tipo con nuestra lengua todos los días, cuando conversamos con nuestros amigos, o en casa, en el colegio...

A veces nos reímos de cómo alguien ha dicho algo, de la palabra que ha empleado,..jugamos con el lenguaje: exageramos las cosas (señorita, si usted no habla, "revienta"...es una hipérbole; no voy a explotar). Así, muchas veces empleamos figuras retóricas:

-Señorita, por favor, si me cambia de clase, me porto bien todo el curso: una súplica;

- Cuando alguien está muy harto de una situación o de otra persona, a veces se dice en voz alta: "¡Manolito, baja!"No sé de dónde procede la expresión, pero es una invocación a un personaje que no existe. O al decir "¡Dios mío!", invocamos a Dios para que nos ayude a sobrellevar algo, por ejemplo;

-Cuando un niño me molesta mucho, digo: "quousque tandem abutere catilina patientia nostra", es decir, ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?", frase pronunciada por Cicerón en la primera catilinaria (texto escrito contra Catilina, un conspirador que aspiraba al poder mediante una conjuración). No pretendo que nadie me responda (apañada iría). Es una interrogación retórica, como cuándo decís: "pero, señorita,¿cómo vamos a estudiarnos todo eso? Es imposible". No esperáis respuesta, sólo es una protesta o intento de eliminar contenidos del examen.

Tengo un amigo que se llama Domingo y tenía os que quedar con él para ir a un sitio. Entonces dije con intención de bromear: lo ideal sería que el sábado fuera Domingo. Es un juego de palabras.

¿Podéis pensar en más figuras retóricas?
Otra cuestión: ¿Qué tiene que ver el dibujo con que he ilustrado el artículo con su contenido? Ésta es de nota.



Aquí están los recursos expresivos o las figuras retóricas que vamos a ver durante el curso. En este primer examen, entran las relativas a los sentimientos (abundan en los textos románticos) y los descriptivos (presentes en gran número en los textos realistas y naturalistas), y también los relacionados con la repetición, esto es:


Los relativos al sentimiento: exclamación, interrogación retórica, optación, súplica, invocación, sujeción e hipérbole.


Rleacionados con la repetición: aliteración, onomatopeya, paronomasia, derivación, similicadencia, epanalepsis, epífora, epanadiplosis, reduplicación, concatenación, anáfora, conversión, complexión, polisíndeton, calambur, sinonimia y pleonasmo.


Los descriptivos: prosopografía, etopeya, retrato, topografía, prosopopeya o personificación, animalización y cosificación.


¿Qué tipo de recurso contienen las siguientes oraciones?

-Ojalá yo pudiera gritar, llorar, contarle al mundo mis desdichas...

- Los ojos de Tomás parpadeaban, haciéndole parecer una maquina con luces intermitentes.

- Puedo prometer y prometo, que no habrá hambre; puedo prometer y prometo que no habrá paro; puedo prometer y prometo que en mi gobierno no habrá sufrimiento.

-"¡Infierno, abre tu boca y trágame!"

-"¡Perezca la raza humana!"

-Sus ojos eran tan grandes que cuando subía y bajaba los párpados, provocaban estornudos.

- No quiero mimos, ni halagos, ni cuidados, ni compasión...

-Cuando era pequeña tenía una muñeca; una muñeca que tenía un vestido; un vestido que tenía un volante, un volante que tenía un encaje; un encaje que habría pertenecido a alguien, no sé a quién.

Un cernícalo con nombre de virus

Curro ha traído al colegio, so requerimiento de su señorita Consuelo, un cernícalo del que se mostraba así de orgulloso.

El ave se llama "Troyano". Yo me preguntaba por qué el nombre de un virus es el gentilicio de Troya, si Troya fue invadida por los griegos. Los troyanos, en esta escaramuza de la guerra de Troya, fueron las víctimas, los inocentes, los engañados.

Ahora leo que el nombre original del virus es "Trojan horse" o "trojan", refiriéndose siempre al caballo de los griegos, al que se introdujo en Troya y por eso recibió tal nombre.

El cernícalo, que, aunque tenga nombre de virus, no tiene aspecto agresivo (bueno, con el casco parece  realmente un soldado de la antigüedad), es una maravilla; tiene un plumaje precioso y se mostraba tranquilo a pesar de ser su primer día de colegio.

Fragmentos para comparar. "Dibujamos literatura V y VI"

Os doy un texto romántico y otro realista. Veréis las diferencias. Me gustaría haberlos leído en clase para vosotros, porque los fragmentos se hacen atractivos si les damos una entonación adecuada. Vamos con el primero, el romántico. Es un fragmento de la obra "El estudiante de Salamanca", de don José de Espronceda. Esta obra tiene como protagonista a don Félix de Montemar y sigue la tradición de "El burlador de Sevilla", de Tirso de Molina, pues el protagonista es un hombre execrable, despiadado, un crápula, que seduce mujeres y después las olvida. Una de estas mujeres, seducida y olvidada por Félix es doña Elvira. Ella muere de amor tras ser abandonada por Félix. Después de ello, Félix se bate en duelo con el hermano de Elvira, y mueren los dos, aunque Félix se dará cuenta más tarde, no en ese momento. Él va andando por la calle de noche y ve una misteriosa mujer con un velo. Entonces decide seguirla...Se dará cuenta de que la figura a la que sigue es el esqueleto de doña Elvira...entonces ella (el esqueleto)  lo abraza con sus "secas coyunturas", intenta besarlo con su "boca cavernosa" (fijaos lo potente que es el adjetivo)... Hay esqueletos danzando alrededor (la danza macabra) y al final, Félix muere, permaneciendo unido por siempre al esqueleto de Elvira.

El pasaje no tiene desperdicio, Me gustaría , ya digo, leerlo con vosotros,hacer que os fijéis en determinadas palabras (añado mis comentarios rotulados en azul):

El carïado, lívido esqueleto, (cariado significa podrido, como la caries y, además, el esqueleto estaba  lívido, blanco)
 los fríos, largos y asquerosos brazos,
 le enreda en tanto en apretados lazos,
 y ávido le acaricia en su ansiedad:(o sea, que el esqueleto repugnante lo abraza y acaricia)
 y con su boca cavernosa busca (atención. ¡cavernosa!, como un a cueva, profunda y oscura)
 la boca a Montemar, y a su mejilla
 la árida, descarnada y amarilla
 junta y refriega repugnante faz.(hay un hipérbaton, la oración está desordenada sintácticamente: se refiere a que refirega su faz descarnada y amarillenta por la mejilla de Féliz de Montemar)


     Y él, envuelto en sus secas coyunturas,
 aún más sus nudos que se aprieta siente,
 baña un mar de sudor su ardida frente
 y crece en su impotencia su furor; (lo pasa realmente mal, ¿cómo lo pasaríais vosotros si un esqueleto descarnado os rozara y abrazara?)
 pugna con ansia a desasirse en vano, (intenta desasirse, zafarse, huir...)
 y cuanto más airado forcejea,
 tanto más se le junta y le desea
 el rudo espectro que le inspira horror.


     Y en furioso, veloz remolino, (atentos al ritmo de esta estrofa; parece una canción, es el mismo ritmo de la danza...leedla bien, marcando el ritmo)
 y en aérea fantástica danza,
 que la mente del hombre no alcanza
 en su rápido curso a seguir,
 los espectros su ronda empezaron, (los fantasmas comienzan a dar vueltas)
 cual en círculos raudos el viento (y lo hacen como el viento arranca y arremolina las hojas secas; el ritmo de la estrofa sigue contribuyendo a crear esa sensación de ronda)
 remolinos de polvo violento
 y hojas secas agita sin fin.


     Y elevando sus áridas manos,
 resonando cual lúgubre eco,
 levantóse con su cóncavo hueco
 semejante a un aullido una voz:
 pavorosa, monótona, informe,
 que pronuncia sin lengua su boca,(qué asco)
 cual la voz que del áspera roca
 en los senos el viento formó. (la voz del espectro es como el viento entrando en la roca y se compara también con un aullido...espeluznante)


     «Cantemos, dijeron sus gritos, (esto lo dicen los esqueletos)
 la gloria, el amor de la esposa,
 que enlaza en sus brazos dichosa,
 por siempre al esposo que amó:
 su boca a su boca se junte,
 y selle su eterna delicia,
 suave, amorosa caricia
 y lánguido beso de amor.


     »Y en mutuos abrazos unidos,
 y en blando y eterno reposo,
 la esposa enlazada al esposo
 por siempre descansen en paz:
 y en fúnebre luz ilumine
 sus bodas fatídica tea,
 es brinde deleites y sea
 a tumba su lecho nupcial.»(o sea, que el lecho nupcial será la tumba para ellos; allí permanecerán hasta la eternidad)


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Súmamente romántica la obra ¿o no?: presencia de la muerte, visión del propio entierro (más adelante en la obra), fantasía, lobreguez, oscuridad, miedo, exaltación de los sentimientos (terror, amor,...).



Ahora, para que veáis el contraste, os doy un fragmento de la obra de don Benito Pérez Galdós (creo que es mi escritor favorito). Es del libro "La fontana de oro" y está describiendo a tres personajes del libro. Las descripciones son fabulosas. Atentos:

María de la Paz (quitémosla el doña, porque supimos casualmente que le agradaba verse despojada de aquel tratamiento), hermana menor del Marqués de Porreño, era una mujer de esas que pueden hacer creer que tienen cuarenta años, teniendo realmente más de cincuenta. Era alta, gruesa y robusta, de cara redonda y pecho abultado, que se hacia más ostensible por el singular empeño de ceñirse a la altura usada en tiempo de María Luisa (o sea, que era gorda, pero más gorda parecía porque se apretaba el traje bajo el pecho). Su rostro, perfectamente esferoidal (muy bueno: esferoidal), descansaba sin más intermedio sobre el busto (no se le veía el cuello de gordita que era); y su pelo, negro aún por una condescendencia de los años (genialmente expresado, los años habían sido buenos con ella, habían condescendido), y partido en dos zonas sobre la frente (o sea, con la raya en medio), le tapaba entrambas orejas, recogiéndose atrás. Su nariz era pequeña y amoratada; su boca más pequeña aún y tan redonda, que parecía un botón encarnado; los ojos no muy grandes, la barba prominente, los dientes agudos, y uno de ellos le asomaba siempre cuando más cerrados tenía los labios (hasta el más mínimo detalle, descripción minuciosa propia de los realistas). De la extremidad visible de sus orejas pendían dos enormes herretes de filigrana (pendientes, aros), que parecían dos pesos destinados a mantener en equilibrio aquella cabeza (genial, para mantenerla en equilibrio parecía que servían los pendientes, como si fueran pesas). En el siniestro (izquierdo) lado tenía una grande y muy negra verruga, que asemejaba un exvoto puesto en el altar de su cara por la piedad de un católico (se fija en lo feo, lo desagradable, rasgo éste del Naturalismo; compara la verruga con una ofrenda que se viera de lejos puesta en un altar). El cuerpo formaba gran armonía con el rostro; y en sus manos pequeñas, coloradas y gordas, resplandecían muchos anillos, en los que los brillantes habían sido hábilmente trocados por piedras falsas. Echemos un velo sobre estas lástimas. (me encanta esta expresión, ¿a vosotros no?: echemos un velo sobre estas lástimas...)

Salomé era un tipo enteramente contrario (ahora describe a la segunda de las mujeres). Así como la figura de Paz no tenía nada de aristocrático, la de ésta era de esas que la rutina o la moda califican, cuando son bellas, de aristocráticas. Era alta y flaca, flaca como un espectro. Su rostro amarillo había sido en tiempo de Carlos IV un óvalo muy bello (¡un óvalo!, qué descripciones); después era una cosa oblonga que medía una cuarta desde la raíz del pelo a la barba (buenísimo, una cosa oblonga, esto es, más larga que ancha, como un rectángulo); su cutis (la piel de su cara), que había sido finísimo jaspe, era ya papel de un título de ejecutoria (un papel muy antiguo, como apergaminado), y los años estaban trazados en él con arrugas tan rasgueadas que parecían la complicada rúbrica (firma) de un escribano. No se sabe cuántos años habían firmado sobre aquel rostro. Las cejas arqueadas y grandes eran delicadísimas: en otro tiempo tuvieron suave ondulación; pero ya se recogían, se dilataban y contraían como dos culebras (animalización, figura retórica propia de los naturalistas). Debajo se abrían sus grandes ojos, cuyos párpados ennegrecidos, cálidos, venenosos y casi transparentes, se abatían como dos compuertas cuando Salomé quería expresar su desdén, que era cosa muy común. La nariz era afilada y tan flaca y huesosa, que los espejuelos, que solía usar, se le resbalaban por falta de cosa blanda en que agarrarse, viéndose la señora en la precisión de sujetárselos atrás con una cinta. Y, por último, para que esta efigie fuera más singular, adornaban airosamente su labio superior unos vellos negros que habían sido agraciado bozo y eran ya un bigotillo barbiponiente ( o sea, que tenía bigote), con el cual formaban simetría dos o tres pelos arraigados bajo la barba, apéndices de una longitud y lozanía que envidiara cualquier moscovita.(los rusos se asocian con grandes mostachos; un moscovita es un habitante de Moscú y este habitante envidiaría la buena salud de este bigotón que mostraba la señora...es hiperbólico)

El despecho crónico había dado á este rostro un mohín repulsivo y una siniestra contracción que se avenía muy bien con las formas de la figura y su atavío. Desaparecían los cabellos bajo un tocado de tristísimo aspecto, y el cuello, que fué comparado al del cisne por un poeta quejumbrón del tiempo de Comella, era ya delgado, sinuoso y escueto. Marcábanse en él los huesos, los tendones y las venas, formando como un manojo de cuerdas (más naturalista imposible, me recuerda a la letra de un tango que a ver si os muestro algún día); y cuando hablaba alterándose un poco, aquellas mal cubiertas piezas anatómicas (mal cubiertas porque no tenía carne) se movían y aguaban como las varas de un telar. Debajo de toda esta máquina se extendía en angosta superficie el seno de la dama, cuyas formas al exterior no podría apreciar en la época de nuestra historia el más experimentado geómetra, y más abajo la otra máquina de su talle y cuerpo, inaccesible también a la inducción; máquina que a fuerza de ataques nerviosos había llegado a la más completa morosidad. Cubríala un luengo traje negro. Entre los pliegues de un vastísimo pañuelo del mismo color, se destacaban dos manos blancas, finísimas, de un contorno y suavidad admirables. Pero no eran las manos la única cosa bella que se advertía en aquella ruina,(¡esa ruina!, que bueno) no: tenía otra cosa mil veces más bella que las manos, y eran los dientes, que, salvados del general desastre, se conservaban hermosísimos, con perfecta regularidad, esmalte brillante e intachable forma. Oh, los dientes de aquella señora eran divinos: sólo ellos recordaban el antiguo esplendor; y cuando aquel vestigio se sonreía (cosa muy rara); cuando dejaba ver, contrastando con lo desapacible del rostro, las dos filas de dientes de incomparable hermosura, parecía que la belleza, la felicidad y la juventud se asomaban a su boca, o que una luz aclaraba aquel rostro apagado.


Doña Paulita (nunca pudo quitarse ni el doña ni el diminutivo) (tercera dama que describe) no se parecía en nada ni a su tía ni a su prima. Era una santa, una santita. Sus ademanes estaban en armonía con su carácter, de tal modo, que verla y sentir ganas de rezarle un Padrenuestro era una misma cosa. Miraba constantemente al suelo, y su voz tenía un timbre nasal e impertinente como el de un monaguillo constipado (Naturalismo). Cuando hablaba, cosa frecuente, lo hacía en ese tono que generalmente se llama de carretilla, como dicen los chicos la lección (como yo); en el tono en que se recitan las letanías y los gozos. Examinando atentamente su figura, se observaba que la expresión mística que en toda ella resplandecía, era más bien debida a un hábito de contracciones y movimientos, que a natural y congénita forma. No se crea por eso que era hipócrita, no: era una verdadera santa, una santa por convicción y por fervor.


Tenía el rostro compungido y desapacible, pálido y ojeroso, áspera y morena la tez, con el circuito de los ojos como si acabara de llorar; las cejas muy negras y pobladas; la boca un poco grande y con cierta gracia innata, casi desfigurada por el mohín compungido de sus labios, hechos a la modulación silenciosa de palabras santas.

El que fuera digno de gozar el singular privilegio de ser mirado por ella, habría advertido en sus ojos la inalterable fijeza, la expresión glacial, que son el primer distintivo de los ojos de un santo de palo. Pero había momentos, y de esto sólo el autor de este libro puede ser testigo; había momentos, decimos, en que las pupilas de la santa irradiaban una luz y un calor extraordinarios. Y es que, sin duda, el alma abrasada en amor divino se manifiesta siempre de un modo misterioso y con síntomas que el observador superficial no puede apreciar.


Su vestido era recatado y monjil, no siendo posible certificar (buen verbo) que bajo sus tocas hubiera algo parecido a una cabellera, aunque nos atrevemos a asegurar que la tenía, y muy hermosa. Su estatura no pasaba de mediana, y a pesar de la modestia, poca elegancia, y ninguna presunción con que vestía, era indudable que un mundano topógrafo, llamado a medir las formas de aquella santa, no se hubiera encontrado con tanta falta de datos como en presencia de su ilustre prima la acartonada Marta Salomé.(o sea, que tenía más formas que la anterior; habla de su cuerpo como si fuera un paisaje; el topógrafo es el que estudia un terreno)

Conocida esta trinidad ilustre (trinidad porque son tres personas), conviene recordar algunos antecedentes históricos. Allá por los años de 1790, los Porreños eran muy ricos, tenían gran boato y gozaban de mucha preponderancia en la Corte. Entonces Paz tenía diez y nueve años, y era tan fresca, robusta y coloradota, que un poeta de aquel tiempo la comparó a Juno. Decían sus primas por lo bajo que era muy orgullosa, y su padre el decimocuarto de los Porreños, aseguraba que no había príncipe ni duque que fuera digno de aquella flor. Estuvo arreglado su casamiento con un joven de la ilustre casa de Gaytán de Ayala; pero aconteció que el tal no gustó de Juno, y la boda fue un sueño. Es imposible pintar el dolor que tuvo la infeliz cuando María Luisa, hallándose una noche en casa de la duquesa de Chinchón, se permitió hacer, con su acostumbrada malicia, algunas apreciaciones un poco picantes sobre la gordura y redondez de nuestra diosa.


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Hasta ahí llegamos en la obra. Decidme si veis las diferencias. Son clarísimas, ¿verdad? En el segundo pasaje se trata de un tema más normal, más cotidiano, la descripción de personas que son verosímiles, es decir, fueran reales o ficticias, podrían existir. Largas descripciones minuciosas fruto de una observación de la realidad, autor omnisciente (sabe todo, incluso cómo eran en el pasado), naturalismo (se fija en lo desagradable), observaciones del autor...son otras de las características realistas que encontramos en el fragmento.


El curso pasado los alumnos hicieron muchos dibujos de las "Porreño" (así se llaman los personajes). Yo os pido ahora dibujos de ambos fragmentos. ¡Por favor!...Y gracias...