jueves, 12 de septiembre de 2013

Fiesta de la Pisa de la Uva y de la Bendición del mosto


 El día 11 de Septiembre a las nueve de la mañana, en vez de alumnos, llegaban al colegio vendimiadores, campesinos, arrumbadores, pisadores de uva... El colegio era todo un colorín. Y es que nos íbamos a la Catedral para participar
como protagonistas en la fiesta de la Pisa de la Uva y la Bendición del mosto, una actividad organizada por la Compañía de María que forma parte del programa llevado a cabo por el Ayuntamiento para celebrar las fiestas de la Vendimia de este año 2013.

Todo estaba ensayado, requeteensayado y vuelto a ensayar, a pesar de lo cual, las señoritas Maribel Daza y Aurora Gavilán, responsables del evento, eran dos flanes, y no sólo por la dulzura de sus caracteres: había muchos
detalles, muchos niños, muchos pormenores que coordinar. La señorita Elena Aguilar, directora del centro, estuvo pendiente de la celebración desde que supimos a finales del curso pasado que sería nuestro colegio el que actuaría en el evento. Fue entonces cuando se organizó todo con gran celeridad y eficacia por parte del colegio y de los padres (tenemos unas madres
de diez...conste que los padres también valen mucho, tanto, que me van a permitir que hoy  lisonjee a sus conyuges más que a ellos, pues las encargadas de los disfraces de los niños han sido en gran mayoría, las madres, que son las que suelen tomar parte en esto, no se me enfade el sector masculino, que sé que muchos fueron a la primera reunión porque sus esposas no podían y con mucha tensión escucharon todo lo referente a los largos de las faldas y los colores, temas tan tradicionalmente alejados de sus conversaciones, para trasladar esta información con todo lujo de detalles a sus mujeres).
En Junio ya sabíamos el número de niños que iba a participar y el papel de cada cual. Se distribuyeron a los padres unas cuartillas en que figuraba un dibujo (hecho por don Sebastián, todo sea dicho para mayor gloria de nuestro artista) que indicaba cómo debía ir vestido cada niño en virtud de su función. Esto sirvió para aclarar a las madres y costureras cómo debía  ser la confección. Campesinas y vendimiadoras irían con una blusa
blanca con volante en el escote, aquéllas con falda de flores y éstas con falda de lunares blancos rematada por volante abajo del todo. Los colores de las telas también fueron asignados. Así se fue definiendo todo. Esta información fue recibida por las madres y al
momento tenían ya la tela, la tienda, la cinturilla medida, las blusas hechas, y las faldas también. Visto y no visto. Los mensajes de whatsapp hacían sonar el teléfono de vez en cuando: ¿cuánto mide vuestra cinturilla?¿cómo de ancho tiene que ser el volante?¿los zapatos de qué color?¿el sombrero dónde se compra?¿la flor de tela o natural? Y para todo tenían respuesta. Madres más eficaces no se han visto nunca.

Mi agradecimiento también para los niños, que vieron sus vacaciones interrumpidas dos veces para adelantar su
marcha al colegio, y soportaron ejemplarmente el calor y el tedio, y, aunque creo que en el fondo se lo pasaron muy bien en los ensayos, no vamos a quitarles mérito. En la actuación lo hicieron tan bien como en habían ensayado, y, a pesar de que esta vez se había aglomerado una cantidad ingente de personas para verlos, los niños parecían no notarlo y actuaban con naturalidad.
 La zona abierta frente a la catedral parecía un cuadro costumbrista que imitaba la recogida de la uva, con todas las labores que esto implica: había cestas con uvas, balas de paja donde se apoyaban los arrumbadores, una bota de vino, de
las de Jerez,  que los toneleros martilleaban, duelas en el suelo, una mesa con un mantel de cuadros alrededor de la cual estaban sentadas unas tertulianas muy especiales, guapas campesinas tocadas con pañuelo y sombrero de paja, al uso del campo, que hacían, no podía ser de otro modo, un ajo
campero, de ahí los pimientos, tomate, ajo y pan que había sobre la mesa, ingredientes que tenían que  ser majados en los morteros que también allí había. Delante de ellos, los niños, hijos de las campesinas, jugando. Todo esto a la derecha del lagar, el cual estaba colocado en el centro, con el escudo de Jerez al fondo y un emparrado encima, a modo de baldaquino. Allí esperarían los pisadores a las vendimiadoras con las cestas de uvas. Cada una de ellas entraba en escena con una niña o un niño pequeño (si era niña, iba vestida como ella), de quien se había hecho cargo desde que salían del colegio y hasta que volvían al mismo.

Al otro lado del lagar, el coro de don Francisco estaba dispuesto a presumir de voces y canciones bien cantadas. Y sentadas en la escalinata , a ambos lados, las niñas vestidas de gitana, guapísimas todas, que prestaban un
colorido alegre y joven a la piedra gris del suelo.
Cuando llegaron las personalidades del Ayuntamiento (los de verdad, no los espúreos, pues también teníamos representación infantil del Ayuntamiento), don Antonio Real, don Antonio Montero,  doña Lidia Menacho, comenzó el acto:
Un impecablemente enchaquetado Miguel García Álvarez presentaba el acto acompañado de Sara Fernández Malvido, que traducía al inglés lo que Miguel decía, mostrando que la pisa de la fiesta es de interés mundial. Ambos tenían
hasta el micrófono (el pinganillo) camuflado que llevan los presentadores oficiales. Impresionante. Sus voces no temblaron lo más mínimo, resonaron claras y no sólo porque el sistema de megafonía del Ayuntamiento es
harto mejor que el del colegio, sino porque estos niños tienen  tablas, empaque, seguridad en sí mismos...que son alumnos de la Compañía de María, en definitiva. Enhorabuena a los dos, porque en ellos recaía gran parte del peso de la actuación.

 Los presentadores dieron la bienvenida al público, formado por padres, madres, familiares, niños y profesores del colegio  Miguel de Cervantes, y también otros ciudadanos que quisieron ser testigos de esta fiesta, una copia infantil de la verdadera fiesta de la pisa de la uva y la bendición del mosto
que se había llevado a cabo el día anterior en el mismo sitio. La pisa infantil de la uva ha sido  ideada para que los niños comiencen a ser conscientes de las señas de identidad del pueblo de Jerez, de sus tradiciones, del tesoro que cada año nos brindan nuestros campos, alfombrados de tierras albarizas, idóneas para
la viticultura por sus propiedades de absorción de la humedad. Hace unos días en el colegio proyectaron a los niños un vídeo sobre la vendimia y la pisa de la uva, pues lo más importante de todo es lo que el niño pueda aprender de cada actividad que ideamos en le
colegio, el partido que se podamos extraer desde el punto de vista didáctico. Durante todo el año, "leemos en el libro de la vida". Mediante esta experiencia también lo hicimos.

 El acto, como indicaron los presentadores, estuvo presidido por una minialcaldesa, Beatriz Camisón, que en realidad es sobrina de doña


María José García-Pelayo, así que tiene el mismo aire de familia. Su madre la había vestido con un traje blanco corto y un collar, muy propio de estas fiestas, que para algo la alcaldesa es su prima y  conoce su armario. Acompañaban a la "alcaldesa" unos concejales que también cortaban la respiración, Carlota Mateos, muy
guapa, Pablo Mas e Ignacio Pericet. ¡Vaya representación del Ayuntamiento! A su lado, el cura, Mateo López, y los monaguillos, Javier Pérez (que no se había visto en otra, con lo que le gusta una procesión) y Álvaro Blanco,
los tres muy formalitos. Eran los encargados de bendecir el mosto.
Por cierto, que acudieron también al acto el Excelentísimo Obispo de Jerez, don José Mazuelos y el rector del seminario y canónigo magistral de la catedral, don Ignacio Gaztelu (éstos últimos, los de verdad, no los imitados).

Las alumnas vendimiadoras entraron en escena, con sus niños y las canastas con la uva recogida. La banda municipal de música y la coral de nuestro colegio, dirigida por don Francisco Marín, amenizaron, animaron y dieron majestuosidad al acto. Posteriormente hablaremos de esto.
Las vendimiadoras                                                                                                               llegaban con sus compañeras pequeñas, cuyas canastas vaciaban en las suyas. Las más chiquitas se sentaban en la escalinata y las otras iban subiendo la escalera del lagar y vertían allí el contenido de las cestas para que las uvas fueran pisadas por la cuadrilla de pisadores y su capataz, que
esperaban arriba del todo, detrás del patrón de los vitivinicultores del marco de Jerez, San Ginés de la Jara. Antes de comenzar la pisa, el
deán de la catedral bendijo las uvas. Mientras se pisaba la uva, la banda municipal interpretó "Las corsarias", del maestro Alonso.

 Se bendijo después el mosto con agua bendita y posteriormente los arrumbadores rcogieron el vino de la piquera y lo vertieron en la bota.
Para celebrarlo sonó el himno de la vendimia, de Moisés Davia Soriano y repicaron las campanas.

El final del acto fue muy emocionante, pues la representación infantil del Ayuntamiento hizo un brindis mientras se aplaudía, se agradecía la presencia a todos y se felicitaban las fiestas de la Vendimia.
Durante la bendición de las uvas y posteriormente, la del mosto, cantaron “Canticorum Iubilo”, del compositor alemán G.F. Haendel , el cual se ha convertido en el colegio en un clásico del repertorio vocal y también del repertorio de
agrupaciones instrumentales de todo tipo. Pertenece a uno de los oratorios más populares de este compositor, “Judas Macabeo”,compuesto en 1746 y estrenado en Londres en 1947 .

La otra pieza que interpretaron es “El vito”, un baile, canto y música tradicionales de
Andalucía, cuyo nombre hace alusión a la enfermedad llamada baile de San Vito, por el carácter animado y vivo de esta danza. Como me informa don Francisco, la


melodía del vito se ejecuta en compás de 3/8. Usa la escala menor armónica para los motivos ascendentes y el modo frigio, que es el modo más característico de la música andaluza, para los motivos descendentes, lo que genera un acompañamiento armónico basado en la cadencia andaluza. El vito se canta con diferentes letras, jocosas o serias, entre las cuales es muy conocida la que hemos cantado en esta ocasión. La adaptación de esta canción popular para canto y piano, realizada por Fernando J. Obradors (1897-1945) y recogida en sus Canciones Clásicas Españolas, es la versión más
interpretada en los círculos académicos. El violinista y compositor Pablo de Sarasate utilizó una variación sobre el tema melódico de El vito en su Romanza andaluza. La he elegido puesto que tradicionalmente se ha cantado como pieza popular durante la Pisa de la Uva.
Cuando terminamos, nos fuimos al Alcázar, donde los niños actores fueron premiados con la actuación de un mago y se les repartieron botellitas de mosto, cortesía del Ayuntamiento de Jerez.

En definitiva, un gran trabajo, que ha sido apreciado por todos los presentes y también los que lo han visto o escuchado desde casa (además de en la radio, hemos salido en tres cadenas de televisión, aportaré documentos de alguna de
ellas). Fotografías hay muchísimas. Dejo aquí muchas, pero los que se pudieron lucir de verdad fueron los fotógrafos que acudieron al evento, entre los cuales vi a don Rafael Meynet y a doña María Higuero, que me comentó que tenía fotos muy bonitas de muchos niños a disposición de los padres que estuvieran interesados (doy fe de que son preciosas, pues he visto algunas).

Pues está claro que ayer rompimos con el tópico de "no hay profeta en su tierra". Hemos sido embajadores de nuestro vino, los niños se han familiarizado aún más con nuestras tradiciones, han aprendido a querer a Jerez, a conocer su vino, sus costumbres, su trabajo, el fruto de la tierra, su esencia, el corazón de nuestra ciudad, lo que le ha dado vida durante muchos siglos, ya que,
además de ser ciudad del caballo, Jerez es ciudad del vino. Ningún jerezano debía desconocer esto; todos debemos sentirnos orgullosos de la tierra en que nacimos y hacer de ella lo que se merece, publicitando nuestros caldos, los diferentes tipos de vino que aquí se dan.

Mientras admiraba aquella estampa, los colores, la uva, las canastas, los niños, yo añadía en mi interior otro significado al acto: ahora que iniciamos el nuevo curso, considero esta celebración como la bendición del fruto de nuestro propio trabajo,
el que hacemos en el colegio, del trabajo de todo el curso pasado, que, junto a la uva, de alguna manera ofrecíamos a Dios. Y Él lo bendijo.

Durante todo el curso trabajamos con los niños: preparamos la tierra, sembramos, cuidamos y protegemos el fruto de los rigores del clima...No es hasta después cuando recolectamos y vemos el fruto de nuestro esfuerzo y desvelo. Entonces nos alegramos, cuando vemos que éste es útil y bueno.



Hoy mismo he hablado con un antiguo alumno, Andrés, un niño estupendo, que, después de siete años, volvía al colegio para saludarnos. Estudia ingeniería industrial electrónica, ha pasado un año en Inglaterra, tiene veintitrés años y está hecho un hombre con quien da gusto hablar, y que sorprende al plantear su filosofía de la vida, su forma de ver el futuro y sus ganas de comerse el mundo. Éste es el fruto al que me refería, el que cosechamos y vendimiamos en el colegio.



















































































2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas noches Srta. Diana: Leí su artículo en su momento y me pareció una crónica estupenda, no quiero dejar que pase más tiempo sin decírselo. Voy a "robarle" las fotos, ya veré lo que hago con ellas. Un abrazo. Lala

Señorita Diana dijo...

Muchas gracias, doña Lala. ¡Cómo es usted! Doña Lala es una de las madres eficaces que mencioné, dejo constancia de ello aquí.
Un abrazo.