domingo, 6 de julio de 2014

Adiós a los últimos de don Alberto


Ya hubo una promoción de don Alberto, la de hace dos años, pues ellos vivieron el fallecimiento de este profesor cuando estaban en 4º ESO y creo que fue el acontecimiento más importante e impactante del curso. No podían llamarse de otro modo.

En aquel tiempo ("illo tempore", que dirían los de Latín), hubo otra promoción que sufrió mucho la pérdida de su profesor de Ciencias Naturales, el cual los había acompañado a la excursión de Málaga y se había ganado su cariño: eran mis niños de este curso.

Podría adjudicar otro nombre a esta promoción: la promoción tweet, la promoción de los líos (pues algo liantes son), la promoción de los cuatro años (tenían esa edad cuando empecé a darles clase y parece que el tiempo se congeló para mí ahí, pues tengo

un recuerdo muy vivo y entrañable de ellos en aquel entonces), la promoción del papel higiénico, la promoción del 125º aniversario, o la promoción de don Sebastián y la señorita Maribel...No. Ninguno de estos nombres se les ajusta tanto como éste: los últimos de don Alberto.

Apena pensar que ya los alumnos que vienen detrás no estuvieron tocados por don Alberto, nunca recibieron clase de él. Lo conocían de vista o saben de él por referencias, pero nunca se rieron de sus ingeniosas bromas; nunca las padecieron llorando de la risa; no tienen, como nosotros, grabado el tono de su voz; no saben nada de su famoso bolsillo, del que alguno decía que era el de Doraemon, pues contenía de todo; no se han beneficiado de su cercanía y de su trato, y lo peor... no van a poder hacerlo ya.

De este modo, los profesores tenemos la sensación de que con la marcha de esta promoción, en parte se va don Alberto. Su recuerdo quedará vivo, por supuesto, entre los profesores, pero ya no será un alumno el que diga que quiere pedir por él en la oración de la mañana, o que exponga, entre risas, una anécdota que protagonizó don Alberto, o que lo mencione en su discurso de fin de curso, como
todos los de esta promoción lo han mencionado o que, sepa exactamente todo lo que un profesor del colegio quiere decir al pronunciar estas palabras: "don Alberto". El significado de esas
dos palabras éstos alumnos que se van lo conocen, pero los alumnos que llenaran las aulas de 4º el curso próximo no. Quizás algún alumno repetidor, quizás alguno que tenga un hermano mayor al que le dio clase, quizás algún alumno despabilado que recuerde haber coincidido con él en el patio, pero poco más.

Al decir adiós a esta promoción, le digo adiós a mi compañero Alberto y también a unos niños que tuve la suerte de conocer cuando tenían cuatro añitos.


Así que, triplemente adiós, chicos. Pasad un buen verano y alcanzad otras cimas, que ésta ya está conquistada.



P.D.:La mayoría de las fotos de este artículo son gentileza de Alejandra Almagro
(gracias)  Por otra parte, Beatriz Leyton tuvo la amabilidad de enviarme la carta que, dirigida a don Alberto, leyeron la noche de la graduación en la capilla y que, en palabras de Beatriz "Significa mucho para toda nuestra promoción y representa lo mucho que nos ha marcado aquello":

“Vas de culo, cuesta abajo y sin frenos”. Al decir esto, ya muchos de ustedes sabréis de lo que hablamos. Sí, nos referimos a nuestro queridísimo profesor don Alberto.

No nos gustaría irnos del colegio sin dedicarle unas palabras de despedida, ya que por suerte y también por desgracia somos la última generación que ha disfrutado de sus clases y por lo tanto la última que en el día de su graduación lo recordará con un cariño especial.

Querido Don Alberto:

Todavía recordamos el primer día de clase de un 2º de ESO desbaratado y bastante nervioso. Llegó la hora de Ciencias Naturales y nuestros aspectos se quedaron pálidos al ver entrar por la puerta a ese señor calvito que tanto miedo nos daba. Nunca hubiéramos imaginado que tras varias clases con usted, descubriríamos ese corazón tan grande que se escondía detrás de una capa de hierro.
Poco a poco nos fuimos acostumbrando a la dinámica de sus clases: nos acostumbramos al continuo tiroteo de tizas, supimos que su deporte favorito era suspender y que usted era claro defensor de la injusticia.

Tuvimos la suerte de vivir con usted un viaje que nunca olvidaremos, dispuesto a pasar la noche en vela para descubrir todas nuestras gamberradas. No sabe lo que daríamos por volver a vivir alguno de esos momentos.

Quién iba a imaginar que la clase del 26 de abril de 2012 iba a ser la última que podríamos disfrutar de su explicación, que sinceramente en ese momento era una de nuestras mayores pesadillas. Y es que no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes.
La noticia nos conmovió a todos, pero la unión hace la fuerza. Gracias al apoyo mutuo entre compañeros y profesores, supimos seguir adelante a pesar del vacío que sentimos en nuestro corazón.
Al poco tiempo, usted, con la ayuda de Dios, hizo posible la entrada en nuestro 
colegio de un angelito de los que pocos quedan en La Tierra. Don Alberto, no sabe lo bien que nuestra querida señorita Laura ha sabido continuar el camino que usted dejó. Ella supo 
hacerle frente a toda una etapa de Secundaria que lloraba su pérdida. Sabemos que no le fue fácil coger las riendas del curso, 
pero con su fuerza y su superación se superó con creces. Por ello, no queríamos concluir la misa de nuestra graduación sin hacerle la mención que se merece. Gracias señorita, sin su ayuda, esfuerzo y cariño no hubiéramos podido seguir adelante como lo hemos hecho.
Aprovechamos este momento para darle las gracias a todos los profesores en general. A ellos la 


noticia les conmovió igual o más que a nosotros y, sin embargo, intentaron mantenerse fuertes ante la situación para transmitirnos fuerza y apoyo. En esos momentos demostramos ser una familia grande de verdad.
Hoy, don Alberto, celebramos nuestro final en esta etapa en la Compañía, etapa en la que ha sido una persona clave. Ha sido clave en muchos aspectos de nuestro paso por el colegio: desde enseñarnos los primeros conceptos sobre Naturales hasta ayudarnos a reforzar nuestra fe con su pérdida.
No podíamos concluir sin despedirnos de usted porque no sabe cuánto nos gustaría poder verlo en este día tan especial, pero sabemos que está aquí presente día a día y que ahora nos estará escuchando.


En pocos días nos marcharemos del colegio, pero tenga claro que usted nunca se marchará de nuestros corazones.
Gracias don Alberto, no te olvidaremos.


María Rodríguez, premio de excelencia; Cristina Marchán, "monologante" de éxito.

A nadie debe extrañar que esta niña tan esforzada e inteligente (podría sumar mil adjetivos positivos más) haya recibido de manos de la alcaldesa un premio de excelencia de la ciudad de Jerez. En realidad el premio lo recogió su madre, de ahí que la alcaldesa de la ciudad, la antigua alumna dª María José García -Pelayo, bromeara conmigo diciéndome que tenemos a las alumnas muy creciditas en el colegio, a lo que le respondí que las tratábamos muy bien, así que no se quieren ir.

Bromas aparte, este galardón muestra la importancia de la trayectoria académica (y en nuestro caso, la Compañía de María, trayectoria personal) de una alumna que es tan fantástica (nunca había entregado unas notas con diez en todas las asignaturas) y tan educada como modesta y humilde.

En la butaca del teatro Villamarta, yo engordaba de felicidad pensando en que tenía a dos alumnas allí por las que sentirme orgullosa: una, la madre de María (como si fuera ella) y otra, Cristina Marchán, que ganó, junto con otra chica (esto se llama "ex aequo") un premio por la elaboración de su magnífico monólogo sobre la aventura de leer, el cual expuso allí mismo y con el que participaba en un concurso organizado por el Ayuntamiento de Jerez. No debe ser fácil para una niña de dieciséis años recién cumplidos, subir la escalera que conduce al escenario de un teatro tan imponente como es el teatro Villamarta y, alumbrada por un foco, siendo grabada por la cámara de televisión local y observada y escuchada por todo el que estaba sentado en el patio de butacas, lleno ese día, leer su monólogo tan fantásticamente como lo hizo. Incluso recitó algunas partes sin leerlas.

Por todo ello, queridas alumnas, padres de María, padres de Cristina: ¡felicidades!

En cápsula


Suena a medicamento con recubrimiento plástico, pero me refiero a la cápsula del tiempo, en la que introducimos algunos objetos relacionados con el curso de 4º ESO vivido para, dentro de algunos años, cuando nos reunamos de nuevo todos, si es que esto fuera posible, extraer con cariño cada objeto de la caja de forma que nos hagan recordar el curso que pasamos juntos.

La cápsula de mi tutoría fue realizada por Teresa Núñez, que fue muy original en el diseño, pues quiso asemejarla a una tarta San Marcos con la que celebrábamos el final del curso. Teresa no pudo estar alli, pero la tuvimos presente durante la realización de la actividad y quisimos hacer una fotografía de grupo en la que la caja la representara de alguna forma a ella. Gracias, Teresa.

En la cápsula pusimos unas palas porque mis alumnos durante las clases (quién lo diría), juegan a las palas y son prestos a la hora de esconderlas, cuando llega un profesor. Actúan con la misma rapidez cuando esconden la pelota que también quisieron introducir. Hay dos corazones rojos, quizás porque durante el curso se haya formado más de una pareja...es la nota romántica de mi tutoría. Junto a la nota romántica, la escatológica: el rollo de papel higiénico nos recuerda lo decorado que quedó el cuarto de baño de la segunda planta del patio árabe tras la intervención de tres magníficos decoradores de interiores ("de interiores", puesto que era un aseo). Quisieron introducir el letrero de la palabra "dispensar", pues dio mucho de sí en el primer trimestre. El valor de María también está dentro de la caja, y, por supuesto, el escalador, que esforzadamente llegó a la cima de la montaña en Junio. Alguien tuvo la acertada idea de colocar la lista de clase dentro de la caja. Mi contribución fue una fotografía de cuando los niños tenían cuatro añitos y yo les daba clase de inglés.

No sé si dentro de tantos años podremos reunirnos todos, ojalá, pero lo que sí sé es que de alguna manera estamos todos unidos por este curso que hemos pasado juntos y el símbolo de esa unión es lo que hay en el interior de la caja. Así que cuando se extraiga cada uno de los recuerdos, estén reunidos los que estén,incluso los ausentes se nos hará presentes en la memoria.

Ya hay otra capsulita más que almacenar en el sótano del colegio.

La graduación de la promoción 2013-14

 Los alumnos de 4º ESO se graduaron el pasado 13 de Junio en la capilla del colegio. Se adivinaba el lunes siguiente, pues la capilla quedó llena de pañuelitos en los bancos, algunos de los cuales habían caído al suelo y pasaron inadvertidos por la emoción de los niños.

Los familiares y amigos esperaban a los graduandos, que fueron entrando por el pasillo principal de la capilla, caminando sobre la alfombra roja, la cual usamos en las solemnidades.

En la monición de entrada, se nos recordaba la importancia de aquel día en que se graduarían lo cual significaba "coger las maletas y tomar sus propios caminos fuera del colegio" y agradecían al colegio el haber conseguido que fueran personas con cabezas bien hechas más que bien llenas, recordando las palabras de nuestra Fundadora.

La redacción de los textos de la eucaristía fue llevada a cabo por los alumnos, como todos los años. Les damos la opción de participar en la misa de su graduación porque a ellos les gusta implicarse, tener la mayor parte posible en ella y así la misa resulta mucho más entrañable, puesto que acompañan con sus textos a la liturgia de la eucaristía y en ellos vemos reflejados los sentimientos y las vivencias de estos niños en el colegio. Nos emociona y a ellos también. Si no se cree, que le pregunten a Carmencita, que lloraba desconsoladamente aquella noche en cada momento del acto: cuando cantaba con el resto de componentes del coro las canciones que lleva años cantando y que ya no cantará tan a menudo; cuando su compañera Cristina leyó su parte del discurso; en la imposición de insignias, cuando no supo si dejar que su tutora le pusiera el pin o lo hiciera yo, que estaba libre en ese momento...El "pucherito" de Carmen es famoso desde entonces. Es una alumna a la que vamos a recordar todos con muchísimo cariño.

Carmen Fernández Coveñas fue la elegida para leer su discurso, junto a Cristina Marchán. La primera abría el discurso recordando de forma entrañable su etapa en Infantil y Primaria y describía cómo en Secundaria se dio paso en el colegio a nuevos compañeros. Uno de estos compañeros fue Cristina, que en este punto leyó su discurso, en que habla de los años de Secundaria que ella ha pasado en la Compañía de María. Carmen Fernández concluyó el discurso, diciendo que no se imagina a sí misma sin el uniforme y conectando así con la primera parte de su discurso, en que decía que no se recordaba a sí misma sin haber llevado alguna vez su uniforme de cuadros escoceses.

El discurso de la madre de Catalina Cervilla fue precioso, a todos nos gustó. Le agradezco que me lo enviara, como le pedí. Lo dejo más abajo, junto con el de las niñas. Después de la intervención de la directora, que agradeció a los padres la elección de este colegio para sus hijos, recordó momentos vividos allí y mencionó a la Niña María y a Santa Juana como referentes que queremos que sean para nuestros alumnos, procedimos a la entrega de insignias. Las tutoras colocamos los pins con el nuevo escudo del colegio sobre solapas de chaquetas y en jerseys. Son momentos muy emotivos y las lágrimas continuaron fluyendo.

Cuando parecía que todo estaba terminado, a falta de la foto de grupo, los niños nos sorprendieron con unos regalos que tenían preparados para nosotros, los profesores: unos graciosos diplomas, preciosos y coloridos ramos de flores para las tutoras y regalos para los catequistas que los han acompañado en la preparación de la Confirmación. No les faltó un detalle. Agradecemos el esfuerzo y el cariño depositado.

Hubo otra sorpresa...digamos que agridulce: la carta dirigida a don Alberto que leyeron Blanca y Elena, de la que daré cuenta en el último artículo del curso.

Celebramos la graduación de los alumnos cenando en el patio. Las alumnas iban llegando por tandas después del aperitivo, ya sin uniforme o uniformadas de otra manera: con altos andamios sobre los que se veían como verdaderas modelos y preciosos vestidos que ponían de manifiesto su juventud y belleza. Los chicos, muy elegantes con sus chaquetas.

Tras la cena, la ansiada fiesta, que fue tranquila, pero larga. Para algunos hubo churros; otros prefirieron irse a sus casas al amanecer porque estaban rendidos por el cansancio de la noche, los nervios, los exámenes,...

Felicidades a todos, alumnos y padres (por cierto, no pude saludar a todos; lo hago ahora desde aquí).

A continuación, los discursos de las niñas y de la madre de Catalina:


Carmen Fernández: El 10 de Septiembre de 2001, incontables pares de piernecitas torpes avanzaban de la mano de mamá y papá a lo que los mayores llamaban “Cole”. Algo nuevo, extraño, sobre lo que nosotros, propietarios de las piernecitas torpes, poco sabíamos. Aquí es donde todo comienza, desde donde empezamos nuestra vida, porque yo, sinceramente, no me recuerdo sin haber llevado la falda de cuadros verdes.

Supimos adaptarnos bien a las clases de doble altura gracias a nuestras “Seños”, que, con marionetas, puzzles, cuentos y dibujos, nos hacían más ameno el separarnos de nuestros padres.

Sin darnos cuenta, ya sabíamos algunas de las canciones del Colegio y habíamos conocido a la Niña María, que nos acompañaría el resto de nuestra vida. Si nos paramos a pensarlo, conocemos a la Niña María desde antes de saber coger un lápiz, antes de saber realmente lo que llegaría a significar para nosotros.

Pasamos tres años maravillosos en los que hicimos nuestros primeros amigos, plantamos lentejas en algodón, jugamos a las casitas en incluso algunas tuvieron sus primeros novios. Con la graduación, el diploma y el perfecto lanzamiento del birrete de graduado dimos la bienvenida a Primaria.

Primaria. No era ninguna tontería. Habíamos pasado al patio de los mayores y debíamos comportarnos como tales. Se acabó llenar los zapatos de tierra. Ahora era tiempo de fútbol, combas, pilla-pilla y álbumes de pegatinas, pero también de aprender a leer y a contar. Nuestros padres se volcaron en nosotros para ayudarnos en las primeras tareas y trabajos que tanto nos costaron. En esta época también conocimos a nuestra fundadora, aprendiendo así un poco más de nuestro colegio.

Llegaron las divisiones, los dictados, los mamíferos y la fotosíntesis en 3º y 4º. Don Sebastián animaba las clases como ningún otro profesor sabe hacerlo y la Señorita Maribel llenaba todas las lecciones de dulzura. Fue una sorpresa para todos nosotros que precisamente en esta Capilla donde hoy nos graduamos, pudiéramos recibir nuestra Primera Comunión, como antaño se hacía en el colegio. Nuestros catequistas lo prepararon todo al milímetro con un grandísimo esfuerzo y fue algo inolvidable.

El último ciclo de Primaria ya era algo muy serio. Abandonamos las combas y el pilla-pilla. Éramos los mayores del recreo y debíamos aparentarlo. La Señorita Consuelo nos enseñó los primeros poemas y la Señorita Maricarmen las potencias y las raíces.

Y en 3 meses estábamos en la ESO. Una etapa de grandes cambios. Era un mundo completamente distinto y nos habíamos vuelto mucho más independientes, si bien todo se había complicado. Vivimos momentos inolvidables, como la primera excursión al Higuerón de Tavizna. Nos fuimos definiendo como las personas que somos hoy día, con nuestros gustos y aficiones. Yo quiero dar las gracias a todos y cada uno de mis compañeros por los momentos que hemos vivido y porque sin vosotros esto no habría sido igual. Juntos hemos vivido momentos únicos: la coreografía del “Waka-Waka” con la Señorita Magdalena y la canción de “Soy un truhán”, los grupos flexibles, las exposiciones de la Srta Teresa, los famosos “oh my godness” de la Srta Sara, los interminables “¿vale?” de la Srta Magdalena y los 108 ejercicios de geometría en 1º. Acogimos a los nuevos alumnos, que se convirtieron en amigos de la infancia.

  
Cristina Marchán: He aprendido que existió la Edad de Plata, la Edad de Bronce, la Edad de los Metales pero también he aprendido que existió la edad del pavo. Es esa etapa de nuestras vidas que va desde los trece, catorce años hasta los dieciséis, diecisiete. Durante esta época estamos sometido a un continuo interrogatorio:¿de dónde vienes?¿con quién vas?¿quién es ese amigo? y un largo etcétera…Pero también nosotros nos convertimos en perfectos negociadores: “dejamé media horita más tarde”, “te prometo que mañana recojo mi cuarto”,  “compramé este pantalón por favor”.
Todo esto nos lleva a pensar que nuestros padres quieren lo mejor para nosotros y que por eso eligieron la Compañía de María para complementar nuestra educación, tanto personal como académica.
Seguro que todos nosotros hemos pasado muchos momentos increíbles que siempre permanecerán en nuestros corazones, pero estoy segura que si preguntamos uno por uno con que curso  de su paso por el colegio se queda, un noventa por ciento elegiría 4 º ESO .Es un año mágico.
Tampoco quiero quitarle  importancia a etapas anteriores ya que cada edad tiene lo suyo. Seguro que muchos de vosotros tenéis un vago y dulce recuerdo de vuestra etapa por infantil, otros  haréis una mención más añorable a vuestro paso por  Primaria y muchos otros conmemoraréis los años vividos en Secundaria,  donde hemos podido comprobar que la amistad la escribimos en mayúscula.
Estoy convencida de que todos estáis de acuerdo conmigo en que este curso que ya acabamos es mágico, sino fuera así habría sido imposible aprobar tantos exámenes como hemos tenido. Algo de magia debe de haber…
La magia que nos proporciona Nuestra Niña María, a la que todos en algún momento visitamos en la capilla para pedirle que nos de fuerzas y agradecerle la suerte de tenerla como modelo de vida.
Tampoco es de despreciar la magia que nos aporta Santa Juana de Lestonnac, la fundadora de nuestro colegio. Sin Ella y sin su  labor, el que haya habido ya ciento veinticuatro generaciones en nuestro colegio no hubiese sido posible.
Y algo verdaderamente mágico es que el año que viene celebraremos el ciento veinticinco aniversario. Aunque ya concluyamos nuestro paso por el colegio siempre seremos  alumnos de la Compañía de María.
¿Y qué decir de la comunidad educativa de este centro? Ellos son los auténticos magos: limpiadoras, secretarios, porteros, profesores, equipo directivo, capellán, etc…Sus labores son incuestionables y no nos puede quedar más que un inmenso gracias.
Durante estos años hemos permanecido muy cerca de nuestros profesores y como en toda relación diaria,  hemos vivido momentos de todo tipo: alegrías, diversión y, claro, como no, algún que otro enfado que rápidamente ha quedado disipado porque entendemos que el respeto y la disciplina son nuestras señas de identidad.
Ellos han sabido inculcarnos la importancia de la cultura ,del conocimiento y del esfuerzo; valores imprescindibles  sin los cuales, difícilmente cualquier ser humano puede alcanzar cotas aceptables de libertad.
Permítanme que en este humilde discurso me centre en hablar de algún profesor en concreto.
Hay una profesora con la que nos tirábamos a la piscina de cabeza, aunque esta estuviera vacía. Evidentemente esto causaría un problema pero aprenderíamos a resolverlo rápidamente. Supongo que ya habéis averiguado que hablo de la Señorita Ada, nuestra profesora  de matemáticas. Con ella los problemas no son problemas sino “batacazos” en la piscina.
¿Sabéis a qué velocidad viaja la luz?...Pues yo os lo digo: mucho más lento que una clase de la Señorita Laura, profesora de Física y Química. Ella nos ha enseñado a ponernos las pilas subiendo el nivel y sacando a la luz aptitudes nuestras que desconocíamos.
Muchas veces los profesores nos enseñan más de lo que ellos creen. Es el caso de un profesor que siempre acude a su trabajo en perfecto estado de revista en lo que a estilismo se refiere: peinado perfecto, camisa perfecta, pantalón perfecto y naúticos que no falten; nos enseña con su buen hacer la importancia de una buena presencia. Aparte de ser un magnífico profesor de Sociales, valoramos en él lo buena persona que es y lo cercano que se muestra a todos sus alumnos. Evidentemente, hablo de Don Jesús.
Hay profesores que pase lo que pase y aunque los derroteros de la vida te lleven sabe Dios dónde, se quedan dentro de ti para siempre. Los recuerdas toda la vida con un cariño y añoranza tremenda, por todo lo que te ha dado, porque han sido un verdadero ejemplo de vida para ti, porque en determinados momentos has pensado que han llegado a conocerte mejor que incluso tú misma. Ella siempre tiene la palabra oportuna en el instante preciso. Por supuesto, hablo de mi Señorita Diana, profesora de Lengua, Latín, Inglés y tutora de 4ºA.Las otras dos tutoras que han contribuido a crear ese ambiente mágico son la Señorita Mariola que nos ha enseñado a relajarnos incluso en los momentos más estresantes y ha conseguido que expresemos toda nuestra creatividad. Y la Señorita Mamen que nos ha sabido regalar los mejores consejos y siempre se ha mantenido muy cercana.
Soy consciente que se quedan profesores sin nombrar que evidentemente no se merecen menos. Mis palabras hacia ellos siempre estarían en la misma línea.
Pero tengo que hacer un inciso, un pequeño hueco en este discurso para una persona grande de verdad, que lo dio todo por nosotros. Un buen día de primavera, Dios solicitó su presencia, probablemente para dar clases en una bonita escuela de ángeles. Clases de humildad, de respeto, de amor, de sinceridad y algún que otro concepto de Ciencias Naturales. Todos lo pasamos muy mal, pero sé perfectamente que allí donde está, cuida de todos nosotros. Gracias Don Alberto.
En definitiva, coincidiréis conmigo en que nuestra edad del pavo no ha sido tan mala. Hemos aprendido a negociar, a escuchar, a hablar, a escribir, a hacer amigos, a aceptar la realidad, a conformarnos, a expresarnos, a ser constantes, respetuosos, responsables. En resumen, en la Compañía de María hemos aprendido a ser mágicos y realizar magia, algo milagroso.



Carmen Fernández: Y hasta aquí llega nuestro paso por el colegio. Muchos años que, aunque suene a tópico, se nos han ido volando. Pretendemos atrapar el tiempo en nuestras manos, y vemos cómo se nos escurre entre los dedos sin poder evitarlo. Aquí hemos aprendido algo que no viene escrito en ningún libro, algo que no se puede enseñar: a ser personas. Antes dije que no me recordaba sin la falda de cuadros verdes, pero es que tampoco me imagino sin ella. Sinceramente, le tengo mucho miedo al año que viene, a no ver a las mismas personas en mi clase, el mismo patio, la misma fuente inundada y el mismo escalón traicionero del Ave María que tantos tropezones ha provocado, hasta eso voy a echar de menos. Cuando hablo con personas de otros colegios sobre lo que es para mí dejar esto no me entienden. Me dicen que sólo es una etapa de mi vida y que me espera otra mejor y, entonces, soy yo la que no les entiendo a ellos. Este colegio es mi vida; mis alegrías, mis penas, mis agobios, mis recompensas, todos mis sentimientos en cuatro paredes. Es como si llevara 13 años agarrada de la mano de Santa Juana y la Niña María y que ahora fueran empujándome por la espalda hacia delante y soltándome lentamente. Nos han marcado el camino y ahora nos toca a nosotros continuar solitos. Sé que la Niña María siempre vendrá conmigo, en cada examen que haga, cada exposición y hasta en las entrevistas de trabajo. No sé en qué momento se prendió la llama de Santa Juana de Lestonnac en mi corazón, pero sé que no se va a apagar nunca, y que me lleve donde me lleve la vida, tendré los valores de este colegio muy presentes, porque este colegio es especial, distinto a todos los demás, un sentimiento diferente.


Gracias a todos


Discurso de la madre de Catalina Cervilla:





Queridos profesores, queridas familias, queridos alumnos.

En primer lugar quiero dar las gracias al claustro de profesores por brindarme la oportunidad de poder dirigir unas palabras a estos jóvenes que hoy se gradúan, tanto en mi nombre como en el todos los padres aquí reunidos.

Mirad, los hijos sois el tesoro más grande que nos puede dar la vida; un regalo que Dios pone en nuestras manos, 2-3, 4 Kilos a lo sumo de una personita indefensa y manipulable que viene cargada con un pan debajo del brazo y un libro con hojas en blanco, como decía el Sr. Obispo en vuestra confirmación, para ir escribiendo día a día una de sus páginas.

Los padres tenemos el deber y el placer de cuidaros, de educaros y de intentar sacar de cada uno de vosotros todo lo mejor, para conseguir que un día seáis hombres y mujeres independientes y fuertes. Para que aprendáis a saber aprovechar y compartir lo bueno que os traiga la vida, y para que sepáis hacer frente a las dificultades que ella os presente.

En los primeros años de vuestra vida hemos de cogeros vuestras pequeñas manitas para ayudaros a escribir cada una de las hojas de vuestro libro en blanco. Llega el día en el que hemos de poner un nombre importante en una de esas páginas, nombre que seguro, os marcará para toda la vida, el de vuestro Colegio.

Unos padres por un motivo y otros por otro hemos escrito en esa hoja “COLEGIO COMPAÑÍA DE MARÍA”.

En nuestro caso lo tuvimos claro, queríamos que nuestras hijas se educaran en este Colegio. Yo soy antigua alumna de la COMPAÑÍA DE MARÍA y conocía su trayectoria, tanto a nivel educativo como ideológico.

Es cierto que desde aquel entonces las formas han cambiado. Atrás quedaron esos días en los que estas paredes albergaban un sinfín de monjas con sus hábitos negros, algunas de ellas mayores, llenas de ternura y otras, como la Madre Prefecta y la Madre Superiora que infundían en las niñas un enorme respeto y ante las cuales teníamos que inclinar la cabeza a su paso.

Pero como digo, atrás quedaron esos años y, sin embargo, los profesores que hoy os forman, siguen mantenido el mismo espíritu de entonces y siguen imprimiendo en vosotros el respeto, la lealtad, el cariño y el trabajo bien hecho; siguen fomentando la disciplina y el esfuerzo, además por supuesto del Amor a Dios y a la Virgen.

Hace unos días me preguntaba mi hija, ¿mamá, sabrías decirme qué tiene nuestro Colegio de especial para ser el mejor?, “es como una familia” me decía. No supe decirle más de lo que ya sabemos, pero me di cuenta de que no nos equivocamos el día en el que pusimos el nombre de “LA COMPAÑÍA DE MARÍA” en la hoja de su libro en blanco.

Hoy ha llegado para vosotros el final de una etapa. Dentro de unos días os tendréis que bajar de este tren, en el que os montasteis hace trece años, porque vuestro viaje en Él ha terminado.

En vuestros recuerdos quedarán para siempre esos días, ya lejanos de Infantil y de Primaria, y de los más cercanos, los de Secundaria, en los que habéis compartido juegos, risas, ilusiones, lágrimas, trabajos, días de La Niña María, días de Santa Juana, y ese importante día de vuestra Primera Comunión. También, por qué no decirlo, algún desengaño y alguno de esos palos que de vez en cuando nos da la vida. Días compartidos con vuestros profesores a los que habéis aprendido a respetar y a querer porque con su trabajo y su dedicación han sabido ganarse vuestro cariño. Pero por encima de todo, días en los que habéis tenido la oportunidad de conocer a vuestros mejores amigos, que seguro lo seguirán siendo para toda la vida.

Ahora tenéis que coger el segundo tren que también llegará un día a su final de trayecto y así sucesivamente a lo largo de vuestras vidas. Pero a partir de ahora, tendréis que ser vosotros los que escribáis los nombres importantes que quedarán impresos en vuestras hojas en blanco. Ya estáis preparados para elegir esos trenes que, ojalá os lleven a todos a las mejores de las estaciones.

A nosotros, los padres, nos queda pedirle a la Niña María que nos ilumine para saber aconsejaros en vuestras decisiones. Nos queda también pediros humildemente perdón por todos los errores que hemos cometido y por supuesto nos queda daros las gracias por esas sonrisas y esos abrazos recibidos en todos estos años.

Por último, pediros, con el orgullo de antigua alumna, que llevéis siempre el COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE MARÍA como bandera y a la NIÑA MARÍA en vuestro corazón.

FELICIDADES A TODOS Y MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS PROFESORES



FAMILIA CERVILLA-GARCÍA – 13 de junio de 2.014

miércoles, 2 de julio de 2014

La Compañía de María parece el palacio de Versalles

El curso acabó. Los alumnos se fueron. el patio árabe se ve más solitario que nunca. Sólo se percibe de vez en cuando la figura de don Carlos Martínez yendo y viniendo con libros y pertrejos con que saciar el hambre desordenada de su imponente taller. Algún antiguo alumno entra como el que en su tiempo libre se digna a visitar a un familiar envejecido durante un ratito y charlamos hasta que son reclamados por el mundo exterior, que los tienta con un verano reparador.

La planta superior el patio árabe, sin embargo,  tiene otro semblante. Allí se está gestando la preparación del curso próximo. Esto es un no parar. Concluye un curso y comienza otro. Sobre la barandilla pueden verse los murales y las pizarras de las aulas destinadas ahora a ser salón de actos, con los nombres de los alumnos, que quisieron perpetuarlos, sin ni siquiera medir que usaban simplemente tiza para hacerlo.
Hoy he tenido la sensación de lo pasajero que es todo. Hace años mi madre recibía las notas en un solemne salón de actos localizado en la planta superior del patio árabe; después el comedor del colegio pasó a ser salón de actos...Hoy, a principios del siglo XXI, recuperamos el salón de actos primitivo del colegio, que, a mediados del siglo pasado, era la estancia donde se ubicaban los dormitorios... Entre tanto, miles de alumnos pasan por estas aulas, niñas primero, niñas y niños después, con uniformes diferentes, escudos que van cambiando,...nombres escritos con tiza....El colegio es el mismo, un edificio sólido, cuco, precioso, que nos acoge en Septiembre y allí nos mantiene hasta Junio.

Cuando se entra en el colegio se adivina que fue otrora una casa palacio. Sólo hay que ver las celosías del patio árabe, los dibujos de la barandilla, las majestuosas puertas, el espacio generoso por el que nos movemos...Una casa palacio. Jerez, una ciudad noble, alberga otras casas palacios...Pero cuando se entra en la capilla....Cuando se entra en la capilla se da cuenta uno de que esto no es una casa noble como otra cualquiera. Con o sin el precioso retablo que tuvo en otro tiempo, la capilla de nuestro colegio es única, una joya que no espera una encontrarse al otro lado de la puerta del coro, una maravilla de piedra, con altísimos techos, arcos apuntados, pinturas murales, matronium, y hasta rosetón.

Con la capilla contábamos y aunque nos acostumbramos a tenerla sin valorarla diariamente como se merece, sabemos lo que teníamos. El salón de actos, sin embargo....¡Oh! Hoy he entrado y me ha asombrado por las dimensiones y la luz, las puertas, los techos, todo... Conocía las aulas estancadas, pero nunca las había visto unidas, abiertas las puertas de madera. No puedo explicar la sensación que hoy tengo después de ver este nuevo salón de actos. Es la otra joya del colegio. Sito en la planta superior del patio árabe, recibe luz tanto de éste, como del patio del Ave María. En el centro siguen estando las puertas de cristal y las de madera, que le conceden aún más majestuosidad. La parte del escenario va a quedar perfecta.

He podido bailar el vals allí durante unos segundos, imaginando que estaba en un salón del palacio de Versalles. El señor de los guantes rosas seguía allí haciendo reparaciones (pero no bailó conmigo, a pesar de que llevaba guantes). Creo que el vals el curso próximo va a quedar estupendamente. Además, no vamos a tener que movernos de allí para levar a cabo las recitaciones de poemas  y las representaciones teatrales.

Doy un diez al nuevo salón de actos. Tenemos nuevo aliciente en Septiembre. Estrenamos salón de actos. Estoy deseando ver cómo queda. Felicito a la señorita Elena, que lleva años con este proyecto en mente y debe encontrarse como un niño con zapatos nuevos, igual que yo me siento hoy.