jueves, 21 de mayo de 2015

Ana González Abucha, premio Patricia Bazán del curso 2014/15

Lo prometido es deuda. Hoy me complazco en felicitar personalmente por medio del blog a mi pupila, la encantadora señorita Ana González Abucha, de mi tutoría de 4º A, quien ,en este curso 2014/15, ha sido premio Patricia Bazán, muy merecidamente.

Las cualidades de Ana las conocen los que tratan con ella a diario: es bondadosa, modesta, humilde, dispuesta, solícita, caritativa, divertida, prudente, buena conversadora, responsable, buena estudiante, esforzada, con un perfecto índice de valores, buena cristiana y alumna de la Compañía de María de Jerez, ¿para qué más?

A partir de la concesión del premio, he pensado mucho en Ana y en Patricia. Las dos tienen mucho en común, pero ninguna de ellas lo sabía cuando la una se cruzaba con la otra en el colegio. ¿Cómo podría saber Patricia que se iba a conceder un premio en su honor en la Compañía de María, fruto de su esfuerzo y su carácter luchador?¿Y acaso Ana, cuando corría por los patios de Infantil y de Primaria no lo haría ajena a que cuando estuviera a punto de marcharse del colegio le darían un premio porque es la alumna de su promoción que más nos recuerda a Patricia Bazán?

Pensaba yo también en la suerte que he tenido de conocer a estas dos alumnas y a otros tantos alumnos, padres, profesores, cuyo contacto me ha brindado este trabajo, una profesión de mucho esfuerzo, que suele ver su recompensa, un oficio, el de profesor,  fundado, ante todo, en las relaciones humanas, las cuales no son siempre fáciles, pero, conceden a nuestro trabajo esa "humanidad" que tiene. Los profesores escuchamos a los alumnos, sus problemas y sus alegrías, sufrimos con ellos y también reímos mucho con ellos, con sus anécdotas, sus chistes, su forma de ser, las ocurrencias en clase,...Aprendemos de ellos, también. Con el tiempo, he aprendido que la persona es más importante que el estudiante; que antes de intentar enseñar algo a un alumno hay que profundizar en su interior; que todos tenemos algo bueno y que la parte mala que tenemos, para la que siempre hay una explicación, hay que intentar extirparla con mucha diplomacia y mimo, con el cuidado, la experiencia y precisión de un cirujano, y que, como decía Santa Teresa de Ávila, la cosa más pequeña que se hace  no tiene precio si va por amor de Dios. La base de todo esto es plantearnos qué sentido tiene la enseñanza en el colegio, qué queremos conseguir con nuestro trabajo, por qué estamos aquí. Y la respuesta es que nos mueve el amor al prójimo y que lo que queremos es ayudar a los alumnos que tenemos a que sean felices y a hacer felices a otros, mostrándoles que el camino hacia esa felicidad no es la riqueza, la apariencia externa o las relaciones efímeras, indicándoles de forma palmaria que la lectura y el estudio puede dar muchas satisfacciones, que el cultivo del ser que tenemos dentro es importante, y llevarse bien con él también, porque estando en paz con uno mismo puede uno ayudar al prójimo con mucha más facilidad y alegría, porque investigando en los problemas propios para solucionarlos puede uno contribuir a que los demás solucionen los suyos, a que vean el mundo con otros ojos. Por eso hay que entender cada caso, estudiarlo, ver qué factores obstaculizan el correcto desarrollo del alumno, de la persona, sin la cual, no hay alumno.

La trayectoria personal y la académica van así de la mano, y la de Ana en la Compañía de María ha sido perfecta. Tan memorable ha sido su paso por aquí, que hemos querido premiarla con el máximo galardón que se entrega en el colegio. Desde este mes de Mayo, Ana y Patricia están más unidas de lo que ellas podrían haber imaginado que lo estarían.

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