miércoles, 3 de junio de 2015

Visita de lujo


El pasado jueves 28 de Mayo nos regaló su visita al colegio, como todos los años, la Virgen de la O, que bien podríamos  llamar la Virgen de la Oh, porque es una exclamación la que nos provocó el verLa. Lo digo por lo bonita que venía vestida para la ocasión. El terciopelo azulina del manto Le concedía una alegría que combinaba perfectamente con la del mes de Mayo, el que clausura todos los años con su visita a la
Compañía de María, el mes que La honramos  todas las mañanas, el mes de las flores; el mes en el que los niños de Primaria y sus profesores se reúnen en el techado de Primaria para rezarle; en el que en Secundaria rezamos la Salve; en que en Primaria se inician en el rezo del rosario; en que los niños, siguiendo una bonita tradición, La obsequian con flores que las madres, muchas de ellas, antiguas alumnas, no olvidan comprar; y, para nosotros, un mes doblemente especial, pues celebramos el día de Santa Juana, nuestra Fundadora, gracias a la cual somos Su Compañía, la Compañía de la Virgen, la Compañía de María.


Cada vez hay más jerezanos conscientes de este acontecimiento y que esperan a la Virgen de la O en su recorrido hacia el colegio. El jueves a primera hora, con mucha alegría, alumnos y profesores vamos a saludar a la Virgen en el convento de los padres Capuchinos, los cuales, junto a los Hermanos de la Defensión, tienen preparada a su Señora con las mejores galas. Esa ilusión en vestirLa, la emoción por lucir a la Virgen, el respeto con que La tratan, que es una mezcla de cortesía, cariño, admiración profunda  e incluso galantería, siempre me emociona mucho, la forma en que elevan a la imagen, con el acuerdo tácito de que su estética no se menoscabe porque llevan a la madre de Dios, la manera en que La ayudan a entrar en el colegio...Porque no parece que La lleven en parihuelas, sino que entrase
ella sola, andando majestuosamente hacia el interior de un colegio que conoce, con los ojos fijos en la capilla, a la que se encamina directamente, para encontrarse con Su Hijo, Jesús sacramentado, que La espera en el altar, acompañado por todos nosotros. Este encuentro de María con Su Hijo se produce entre albas, con la imagen de Santa Juana observándolos, con galas, lazos blancos, incienso y música y cantos solemnes.

Y la imagen de la Virgen de la O
 se queda en la capilla. Por la tarde van a visitarLa los cursos de los niños más pequeños, que besan Su mano. Después de este día tan agitado, descansa en la capilla, con lágrimas en los ojos, que nos dan una pista del sufrimiento que la traspasó cuando su Hijo murió. A uno de mis alumnos la visita de la Virgen le recordó a una
 copla de nuestra tierra:  "María de la O, qué desgraciaíta tú eres...". Y, sin ánimo de ser folclórica, y con todo el respeto que nuestra Madre merece, también a mí el hecho de verla en la capilla, a mi altura, me invitaba a cantar su desgracia,
porque cuando La tienes  de frente, cuando tu ángulo de visión coincide con el suyo, parece que penetras en su sufrimiento, y quieres consolarLa y a la vez Le pides que te consuele de tantas cosas que te provocan inquietud y sufrimiento. La Virgen, en nuestra capilla, no está en lo alto de un paso, ni alzada sobre los hombros en unas parihuelas. La Virgen en nuestra capilla se siente más cómoda, es más Ella. Está entre nosotros, como una persona más.Valle Inclán, hablando de los personajes literarios, decía que había tres maneras de verlos: desde arriba, que es cuando se
ven como peleles o marionetas, inferiores a nosotros; desde abajo, al estilo de como vemos a los héroes de las tragedias griegas, magnificándolos y de frente, que es cuando los vemos como hermanos e iguales nuestros.

En Semana Santa vemos a la Virgen desde abajo, como alguien a cuyos pies nos rendimos, a quien admiramos, recubierta de majestad, como a una heroína. Sin embargo, cuando me acerco  a la Virgen en la capilla, sin multitudes, sin oír comentarios sobre los varales o sobre el tipo de flor que lleva junto a ella, cuando La contemplo sin agobios, sin empellones, con la paz y la tranquilidad de quien es invitada a estar horas, si quisiera, contándole cosas en la intimidad de un lugar que a una y a otra le es familiar y casero, entonces siento que somos amigas.

Siempre en la capilla una encuentra un lugar de paz para rezar, para meditar, para echar el freno unos minutos. Muchos niños lo saben, conocen el poder reparador y consolador de la relajación y la oración y los hay que acuden a diario a la capilla. Lo cierto es que, cuando tenemos la imagen de María allí, en nuestra capilla, tan cerca de nosotros, nos sentimos mas invitados a la oración, es como si recibiéramos una llamada para abrirLe la puerta de nuestro mundo interior y recorrerlo juntos. La visita de María de la O en nuestro colegio, su estancia allí, nos invita a la reflexión.

Y el hecho de descender a nuestra altura, no la despoja de esa elegancia, esa presencia que la Virgen tiene. Sigue sobrecogiendo a una la imagen de esa Señora entrando por nuestra casa, a pesar de haber sido testigo de este momento tantas veces.  Creo que sigue siendo mi preferido.

Tras pasar la noche en la capilla, María de la O (como La llama mi alumno Jerónimo), ayudándonos a recordar de este modo el tiempo que pasó la imagen aquí en el pasado, celebramos este vínculo y la presencia de la
Virgen con una solemne procesión por los jardines del colegio. Al fin y al cabo, esta relación entre colegio y Hermandad es posible gracias a que ambos somos Iglesia, puesto que Hermandades, colegios religiosos, organizaciones caritativas como Cáritas o Manos Unidas, parroquias, etc. formamos el tejido de la Iglesia, coincidimos en nuestra misión. No es extraño, entonces, que nuestros caminos se crucen en muchos puntos de nuestra trayectoria, igual que nos ha ocurrido con el seminario diocesano y hoy día con el seminario menor. Nos sentimos felices de poder acoger en nuestro colegio a quien nos necesita y de juntos caminar y enriquecernos mutuamente.

Durante la procesión, los niños rezaban el rosario, y  dos coros, el de don Francisco y el de don Carlos, se alternaban para cantar canciones pías. ¡No uno, sino dos coros!...Ahí dejo eso.  Los alumnos de Primaria miraban concentrados el coro de don Francisco, anhelantes quizás de pertenecer algún día a él.

Las campanas eran otro elemento que contribuía a la alegría a la jornada, muchísimas campanitas agitadas con toda la energía de cientos de alumnos que tenemos en el colegio en los cursos de Infantil. Don Rubén, por su parte,  llevaba un campanote, más consonante con su talla. Al punto en que la Virgen abandonaba el colegio, me infiltré en el grupo de los alumnos de Infantil y desde allí fui testigo  del ensordecedor sonido de las alegres campanitas de los aún más alegres alumnos, ellas con lazos blancos, y no pocos de ellos, una novedad en atención a la pompa de la visita, con corbatas sobre sus politos.



Y así es como, entre ellos, agachada para estar a la altura de los niños, vi, como ven los alumnos de Infantil, alejarse a la señora que vino a
visitarlos y que lo hizo en compañía de los alumnos mayores, de los alumnos representantes de cada clase del colegio, de los Hermanos de la Defensión, entre ellos, el Hermano Mayor, y otros miembros de gobierno, de la directora del colegio, de nuestros sacerdotes, de profesores, de padres y madres de alumnos, de antiguos alumnos, de jerezanos devotos, de los monaguillos y del coro.

¡Hasta el año que viene!

¡¡¡¡Tilín tilín tilín!!!!


¡¡¡Tolón tolón tolón!!!... (la de don Rubén).



























































































































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