lunes, 26 de octubre de 2015

La suerte de dar clase en la Compañía de María


Hoy no quiero hablar del nivel que adquieren los alumnos, ni de nuestro plan de estudio, ni de nuestro ideario, ni del claustro del colegio, ni del cariño que tenemos a los niños, que es nuestro motor para actuar, ni de la disciplina que buscamos, no reñida con la cercanía,... Hoy no quiero hablar de todas estas cuestiones que hacen de la Compañía de María un colegio especial, donde nos sentimos envueltos en una atmósfera familiar incomparable a la de otros colegios.



Hoy lo que me ha apetecido es celebrar la suerte que tenemos de dar clase en un edificio como el de la Compañía de María. Mientras los niños estaban en 4º  C haciendo un examen de Latín esta mañana, miré hacia abajo y me fijé una vez más en los suelos hidráulicos, miré por la ventana y vi con deleite la fachada de la iglesia,

adornada con un pórtico que cobija el precioso escudo mariano de la Compañía; recordé embelesada los techos policromados de las
fábulas, de 4º A; el salón corrido del palacio que vuelve a ser salón
de actos; las magníficas yeserías del patio árabe; la extensión del jardín y la gruta; la capilla, que es una iglesia en toda regla que sorprende al que entra, pues no espera hallar una joya de este calibre en un colegio...La altura de los techos, las columnas de mármol, la señorial escalera, el enorme cuadro de la Inmaculada, el recibidor, donde, una vez se abren las ventanas y se retiran los muebles dan ganas de bailar...Que he bailado un vals yo sola allí esta mañana, vamos...

¡Cómo va a ser igual trabajar e un colegio así que en cualquier otro sitio! Vivimos (vivimos, pues pasamos tantas horas aquí) en el interior de una obra de arte. Donde quiera que miremos, hay belleza. Es un edificio sorprendente.

Es viejito, eso sí, pues los dos siglos no se los quita nadie y el tiempo y el uso desgastan los materiales. Doy las gracias a las familias que colaboran con el centro para conseguir que siga siendo un colegio con capacidad de albergar a más de mil alumnos. Doy las gracias a los padres del colegio que se dan cuenta de esta necesidad porque trabajar en este colegio, en esta casa palacio, es un lujo.

Ojalá cada vez sean más las familias conscientes de la importancia de su aportación.

2 comentarios:

Blanca dijo...

¡Buenas, señorita Diana!
Que entrada tan bonita y qué razón tiene. Yo siempre he pensado el lujo que era poder estudiar en un sitio así, tan lleno de magia y belleza, y ahora que ya no estoy ahí y veo mi nuevo colegio, desde luego opino que no hay comparación alguna.
Un saludo,
Blanca Diosdado.

Señorita Diana dijo...

Querida Blanca: gracias. Y eso que no he hablado de alumnos estupendos y entrañables como tú. Te echamos de menos. Un abrazo fuerte.