domingo, 22 de noviembre de 2015

Celestial Niña

Recordaban el pasado miércoles las alumnísimas (doña María del Carmen Durán y "Compañía"), el recorrido que la procesión de la Niña María hacía en los años 50. Las alumnas, acompañando a la Niña María, pasaban por la calle Larga, se cortaba el tráfico para facilitar el avance de la procesión, y muchísimos conciudadanos acudían a verlas.

El viernes rememorábamos aquella primera procesión que ha dado origen a otras tantas, la de 1610, que Santa Juana propuso a las primeras alumnas de la Compañía de María, para celebrar el Día de la Presentación de la Virgen Niña en el templo, un momento de la vida de la Virgen que la Fundadora quiso subrayar por ser una edad cercana a la de las niñas, ante las cuales La puso de ejemplo.

Cada vez son más los antiguos alumnos que vienen a ver la procesión al colegio, a la calle Paúl,
a la avenida. Los que llevan menos tiempo siendo antiguos alumnos han pedido permiso en el colegio en el que cursan Bachillerato. El resto ha hecho un hueco en sus vidas para poder ver un año más la tierna imagen de la Niña María, portada por los mayores del colegio y sosteniendo una varita de fragante nardo, flor blanca que nos recuerda la pureza de la Niña.


 La vida cambia, los valores también, las virtudes no están tan potenciadas o celebradas hoy día. ¿Para qué negarlo? Muchos valores cristianos han sido sustituidos por egoísmo en todas sus manifestaciones. Podemos lamentarnos porque ya nada es lo mismo, porque la vida cambia y lo hace en una dirección que no nos gusta o podemos decidir ponernos manos a la obra para que en la medida en que individualmente cada uno buenamente pueda, manteniendo la esencia de cada actividad, como la de la celebración del Día de la Niña María.

La ilusión es un fabuloso motor de la acción. Si hacemos las cosas con ilusión (aunque podamos parecer ilusos incluso ante nosotros mismos, a veces), hay una vía abierta para que las cosas salgan bien, y es muy probable que esa ilusión contagie a muchos, y, ya se sabe, la unión es fuerza. Si, por otra parte, nos invade el nihilismo, la pena, la desmotivación, el pesimismo, cerramos el camino a que las cosas salgan bien, puesto que ni tenemos la fuerza para luchar ni contagiamos espíritu de lucha. Es preferible siempre luchar para conseguir cambio y progreso. La lucha no ha de suponer cansancio, sino felicidad, puesto que vislumbramos un objetivo, y de este modo, es, por tanto, esperanzadora.

En el colegio preparamos el día de la Niña María con toda la ilusión que siempre tenemos. Les hablamos a los niños del porqué de la celebración y, al hablarles de la Virgen, les transmitimos mensajes positivos, de convivencia en armonía, de paz, de humildad y abnegación, virtudes que si conseguimos que los niños valoren, admiren y practiquen, irán minando poco a poco la egolatría que se ha impuesto en el mundo, el egoísmo, la vanidad y todos esos pecados que, desde una perspectiva cristiana o mundana, da igual, estropean el mundo, haciendo de él un lugar inhóspito y triste.

En el mundo actual la educación cristiana tiene poderosos enemigos y no hablo de  fundamentalistas de otras religiones, que lo que hacen es aprovecharse del vacío espiritual que caracteriza hoy día a la cultura occidental. El peligro lo sembramos nosotros con nuestra apatía, con nuestro materialismo, con nuestros vicios y egoísmo, con nuestros mensajes
en favor de la pereza, en contra de todo lo que supone un esfuerzo, de lo académico, de los profesores, con los ídolos que hemos creado en  mundo moderno, el culto a la belleza física dependiente de unos cánones de perfección, las horas que pasamos en internet, olvidándonos de un mundo que nos necesita.

La Niña María, tan pequeña, sujetando su nardo, que nos
enseñaba a todos el viernes, se me figuraba el reducto de algo antiguo, tan antiguo como el cristianismo o tan antiguo como la época de Santa Juana, antiguo pero existente aún. La Niña María nos recordaba que aún hay esperanza, a pesar de que
la largura de los uniformes de las niñas no es la de los años 50, a pesar de que las niñas no lleven velos o guantes, aunque los valores hayan cambiado, aunque se pisotee a menudo la urbanidad, y el fervor religioso sea una expresión apolillada, aunque la solemnidad de la procesión de hoy día diste de la de aquel entonces, aunque no haya monjas,... a pesar de todo, hay una esencia, algo que nos guía en nuestra actuación de profesores y de padres, hay un legado, y eso nos mostraba el viernes pasado la Niña María con su nardo en la mano, tenaz, pues cada año nos muestra que se puede hacer, que
puedes convencer a unas alumnas de que la elegancia es mejor que lo ordinario, grosero o vulgar, de que es interesante cultivar el interior, por encima de la apariencia física, que la defensa de la justicia no está reñida con la urbanidad, que los niños de la Compañía de María
son diferentes, que el colegio tiene algo, un no sé qué que engancha, que tira hacia él, que Santa Juana sabía muy bien lo que hacía, que fue visionaria, que sabía que los tiempos cambian, pero que hay un mensaje eterno que subyace cualquier manifestación, como la de la celebración del día de la Niña María.

Me alegré mucho de poder saludar a las madres de los actuales alumnos, y también de exalumnos, como la madre de Sergio y Sandra Plaza, y a ésta última, que no quiso perderse la procesión (Sergio, sé que no pudiste este año; el año que viene será, tranquilo), doña Macarena Segovia (que, por cierto , me ha mandado una grabación muy bonita del Celestial Niña); doña Lala Gutiérrez (también me ha mandado una grabación de una canción de hace años que yo  no conocía); las alumnísimas doña María del Carmen Durán y doña Dolores Jurado (hoy no la despojo del tratamiento, espero sepa perdonarme); doña Julia Fontádez, que vuelve a estar vinculada al colegio por ser su hijo alumno; antiguos alumnos como Eugenia, María Cruz, Marta y Ana Ojeda, Desi Mateos, Carmina Balao, y tantos otros, éstos últimos mencionados, de la primera promoción del blog , como me recordó Marta Ojeda.

Igualmente, me alegré mucho de ver a mis alumnos actuales, que son estupendos, todos ya en 4º ESO, los mayores del colegio, por fin portando la Virgen en este su último curso, al igual que las niñas elegidas por sus clases para llevar la imagen de la Niña María hasta el altar de la iglesia de Capuchinos, Blanca Castro, María Vilanova y Valeria Cáceres. Por cierto, que María hizo que se escapara alguna que otra lagrimita en los que la veíamos llorar emocionada.¡Qué maravilla ver a Marta Pareja por primera vez sin muletas después de tanto tiempo! Cosa de la Niña María, seguro-pensaba ella-.

 Lazos blancos, uniformes impecables, niños que quisieron vestirse de chaqueta para la ocasión, incienso, blancas albas de monaguillos, profesores elegantemente arreglados para la ocasión, el coro cantando el Celestial niña, la Niña entrando en la capilla acompañada de la canción Hija del pueblo María, con don Francisco en el órgano, los niños de Infantil en su procesión en el patio de los mayores, la fotografía de prensa ...todas estas imágenes y sonidos me visitan ahora que echo la vista atrás para recordar lo vivido aquel día de la Niña María en este 2015.

Felicidades a todos, especialmente al equipo de Pastoral, que ha llevado a cabo la celebración tan estupenda y solemnemente como siempre, como merece la Niña María.

 











































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