lunes, 23 de noviembre de 2015

Mayores y jóvenes



Compartimos algo: somos seres humanos. A veces los jóvenes ven a los mayores como si éstos siempre hubieran sido ancianos y como si ellos se hubieran instalado definitivamente en esta edad en que no sufren de reúma, vértigos, no tienen canas o arrugas, y gozan de la  vitalidad de la juventud.

Pero los seres humanos vamos estropeándonos a medida que vamos viviendo y vamos acumulando experiencia y sabiduría.

Hoy un grupo de ancianos de un geriátrico de Jerez han tenido la amabilidad de venir al colegio de la Compañía de María, citados por el profesor de ética Don Javier, para que los niños los conocieran, para que hablaran con ellos y entablar así una relación entre jóvenes y ancianos.

Cada uno de ellos expuso su experiencia de vida ante los niños, que los escuchaban asombrados, maravillados de que unas personas que probablemente pasaran desapercibidas en la calle para ellos, encerraran tanto.

Ha habido testimonios de todo tipo, algunos nos han emocionado. Y los niños han entendido que estos mayores, aunque necesiten que se les hable algo más fuerte que a los demás por la sordera, aunque haya que ayudarlos a moverse por la torpeza de sus miembros, aunque tenga uno que hacer cierto esfuerzo para entenderlos por la falta de dientes, ante todo, son seres humanos, de los que se puede aprender mucho y con los que  se pueden reír mucho también, como comprobamos.

Anabel es un ejemplo de alumna que ha reído abiertamente y llorado amargamente al escuchar a alguno de ellos.


Hemos escuchado a un señor que con diez años se veía obligado a dormir solo y aterido, bajo un puente, con un cartón que hacía de colchón y otro de manta, comiendo restos de fruta que cogía de los contenedores, un señor que perdió la pierna en un accidente, un señor que fue ejemplo de conducta ética en el trabajo, pues renunció a solicitar  privilegios laborales para su hijo porque quería entrar en el despacho del director "mirándolo a la testuz" y no "jincao de rodillas"; una señora que perdió a su padre y a muchos familiares en la guerra, un señor que les mostró sus tatuajes y les contó que dejó sus estudios por conocer mundo,... Vidas de personas que no ha dejado indiferentes a nuestros alumnos, los cuales han estado intercambiando opiniones sobre los ancianos, a los que hicieron las preguntas que quisieron y que amablemente respondieron estos señores.







Estas personas so seres humanos, como los alumnos, con sus defectos, sus virtudes, sus vicios, sus picardías, su ética, su dignidad, sus condicionantes..., sólo que han cumplido los años de vida antes que nosotros, pero todos vamos al mismo sitio. Reflexionar sobre sus vidas nos ayuda a todos, nos ayuda a relativizar, a buscar la trascendencia, a discernir lo frívolo de lo importante, a buscar y quizás hallar la felicidad, desechando las amarguras que a veces creamos nosotros en nuestras vidas, haciendo montañas de granos de arena. El consejo que les daban todos los ancianos a los niños era que estudiasen, que aprovechasen que están en el colegio (no todos tuvieron esa suerte y comprenden que la formación es fundamental).

Aunque la actividad fue preparada por don Javier (muy acertado, felicidades), me gustaría dar las gracias a estos señores y a su terapeuta, que se desplazó con ellos, por lo que me ha enriquecido su presencia en el colegio. Gracias también a don Javier por darnos esta oportunidad.

Los niños han quedado en ir a visitar a los ancianos en el geriátrico, o sea, que la actividad no ha terminado aún.

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