lunes, 11 de enero de 2016

Comienza un nuevo día

Es ya la una en el reloj. Las manecillas del calendario de nuestra clase concluyeron su esforzado ascenso y ahora, ya en su descenso hasta el final del curso, señalan el nombre del primer mes del año, el que los romanos llamaron "ianuario" en honor a Jano, el dios de las dos caras, el dios de las puertas, de los comienzos y los finales. Siempre me imagino a este dios pagano orientando  una de sus caras hacia el mes de Diciembre  y, por tanto, al pasado año, y la otra, al mes de enero, seguido por la recua de meses que forma el nuevo año. Por un lado, el dios miraría al cercano conjunto de recuerdos formado por los espumillones, las guirnaldas, las velas, los turrones, polvorones (novedad va a ser esta nueva etapa del  nuestro curso que los niños no me pregunten si pueden ir a pagarle el último pedido de polvorones a don Carlos Martínez); también hacia este lado Jano vería, algo más en lontananza, a los niños realizando las actividades de Adviento, la campaña de recogida de alimentos, el concurso "Paso del rosco", la convivencia del fin de trimestre; avistaría, algo más alejado, el comienzo del curso 2015/16, con la llegada de nuestros alumnos aquel primer día de clase en Septiembre; vislumbraría el verano, el final del curso pasado, ...y esforzándose algo más, quizás con prismáticos, puede que discerniera a lo lejos la llegada de la primavera que siguió al frío de los meses del invierno del curso pasado, ese mismo frío que se hospedará con nosotros durante los próximos meses y que el dios ya percibirá sobre la piel de la otra cara, la que mira al futuro.


Y es que ya llegaron los fríos de enero, al menos en nuestro colegio. A los más escépticos, a los que protestan porque no ha hecho frío este año en Jerez, les invito a pasar media horita vigilando el recreo conmigo, sintiendo cómo el viento abofetea su cara y desmadeja su pelo; notando cómo la humedad, que sube del suelo, atraviesa las suelas de los zapatos, trepando piernas arriba, por el interior de los huesos, helando los tuétanos; les convido a sentir los signos de congelación extrema en la punta de la nariz y de las falanges en esos momentos en que los ojos, llorosos por la ación del aire frío, miran hacia arriba a las enormes barrigas de las nubes grises, redondas como balones que parecieran estar a punto de ser reventados por el contacto con los áridos extremos deshojados de las ramas de los árboles de nuestro jardín, desnudos en esta época. Nosotros, los pobladores del colegio, alumnos y profesores, al cruzarnos, nos saludamos con una sonrisa que leemos en los ojos, más que en los labios, pues vamos embozados en bufandas de lana y  pasamos los días completamente envueltos en jersey, abrigos y forros polares. Sólo don Jesús desafía los rigores del invierno, aunque lo hace a partir del mes de Febrero. Atentos todos aquellos a quienes aseguraron que alguna vez se ha visto a don Jesús con una prenda de abrigo y rechazaron la información, considerando que procedía de una antigua leyenda sin base real: ahora es el momento de verlo con plumífero. No obstante, han de darse prisa si desean cazar esta imagen para su cofre de recuerdos más valiosos y exóticos, puesto que después de estas tres semanas de enero, don Jesús volverá a su normalidad en el vestir, si es que se puede llamar normal al distinguido atuendo de un dandi. También, menos dandi pero igualmente abrigado,  puede verse a don Carlos Martínez, que en enero, transita por el colegio enfundado en dicha prenda (la apretura de la funda depende del número y calidad de ingestas en las fiestas de Navidad), y a mí, personalmente, me recuerda a los carniceros, que, como entran y salen de la cámara de congelación, se muestran al público de esta manera abrigados, siendo equivalente en este caso la cámara de congelación a la gruta u otras zonas iguales de gélidas del colegio, no compensando ni al profesor ni al carnicero privarse de su envuelta ni un minuto del día.

Ya han empezado a saltar los fusibles, protestando por sobrecarga en la red eléctrica del colegio, ya que todos los cursos reclamamos el calor que, amaestrada la energía por el ingenio humano, sustituye al que el sol nos niega en este tiempo. Aprovecho para agradecer de nuevo la aportación económica de muchas familias al colegio, gracias a la cual algún día quizás podamos disfrutar de un sistema eléctrico a la altura de nuestros alumnos y profesores.

Tres semanas tenemos por delante hasta que llegue el mes de Febrero, que supondrá el punto medio en nuestro curso. En estas tres semanas continuaremos con la programación de las asignaturas para el segundo trimestre, a la vez que habrá recuperaciones para los alumnos que no han podido aprovechar el curso suficientemente hasta ahora. A final del mes, celebraremos el día de la Paz y entonces ya serán casi las dos. Pero todavía no. Todavía es la una, la una en el reloj...


No hay comentarios: