sábado, 13 de febrero de 2016

"Emociones, cuántas emociones..."





De esta manera comienza la canción de Eros Ramazzotti que revela impíamente la edad que tenemos quienes la recordamos de la década de los 80. No me importó, avancé por el pasillo de la clase de 4º "A" al principio de la hora de Tutoría cantándola para comenzar la clase haciendo referencia a dos hechos que me habían ocurrido el día anterior, ambos relacionados con antiugos alumnos y que me habían producido sentimientos opuestos, de tristeza y alegría.

Continuamos hablando de las cosas que nos provocan pena, angustia, ira, alegría, melancolía, regocijo... Lo que nos hace sentirnos bien y lo que hace que nos sintamos fatal.

La tutoría giraba en torno a las emociones.

Sacamos como conclusión que diariamente se mezclan las emociones en nuestro interior, pues son reacciones a estímulos externos, los cuales unas veces consideramos como beneficiosos y otras veces como perjudiciales.

También comparamos nuestro interior con ollas a presión que necesitan una válvula de escape, una salida moderada de todas esas emociones que pueden hacernos daño, pues si no las expresamos puede que lleguen a acumularse tantas y que haya tanta presión dentro de nosotros, que "explotemos" en forma de gritos, en violencia y que una válvula de escape es codificar esas emociones en un lenguje racional, es decir, "verbalizarlas", exponerlas a otras personas y también exponérnoslas a nosotros mismos, es decir, analizarlas, para saber por qué estoy enfadado hoy o triste, qué cosas me hacen desgraciado. De esta forma también veremos si la causa es algo tan nefasto como para tenernos en este estado de desasosiego que muchas veces nos domina, haciéndonos intratables y entorpeciéndonos en nuestro día a día.

Por último, creo que razonando sobre lo que nos hace triste y sobre lo que nos alegra, podemos sopesar, ampliar nuestra mirada en un momento determinado y no enfocar sólo lo que pensamos que es negativo en nuestra vida. Repasamos así todo lo que tenemos que nos hace feliz, o que nos debe hacer feliz, que son muchas cosas por las que hemos de dar las gracias a Dios. Hay que relativizar y este ejercicio que hicimos en clase puede ayudar a hacerlo.

En esa hora de tutoría abrimos los unos a los otros las puertas de nuestro mundo interior, expusimos nuestros sentimientos, nos reímos e inlcuso lloramos, pues manifestamos mucho de lo que tenemos en nuestro interior, en el que todo está mezclado, mcuhas veces tan confusamente, tan desordenadamente que hace falta que alguien ponga orden ahí.

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