martes, 16 de febrero de 2016

La calle del infierno

Hoy he ingresado en la gruta para decirle algo a don Carlos Martínez, pero antes de encontrarlo, he tenido la oportunidad de observar el nuevo verdor de la zona, a la vez que corría por el pequeño montículo donde los niños realizaban los trabajos que tienen asignados en la asignatura de Proyecto Integrado.

Tan integrados están los niños en la gruta que parecen parte de ella, y yo parecía una usuaria de una atracción de feria, de esas de terror. Mientras mis pies me llevaban casi volando por el sendero de la gruta, iba obteniendo una serie de visiones que nada tiene que ver con la seguridad y quietud de mis clases, y es que no se me puede sacar del aula.

Me imaginé mientras transitaba por allí que estaba en una de esas atracciones de la calle del infierno en que un hombre con una motosierra le disuade a una de entrar. A medida que avanzaba yo entre las plantas, de repente aparecía Carlos con una azada en ristre, subiéndola y bajándola mecánicamente. Pasé junto a él con rapidez, saludándolo pero sin detenerme, no fuera a ser que acabara con la azada incrustada en la cabeza; Superado este momento aterrador, vi a un grupo de alumnos de mi tutoría que parecía que estaban enterrando a alguien, algunos dando golpes secos en la tierra y otros mirando el montón de tiera revuelta hasta que les tocara su turno. Les pregunté y me dijeron que estaban enterrando a Juan y Medio; algo más abajo, Alvarito, vestido con chándal, igual que el resto, seguía con las labores de poda, llenando con sarmientos y ramas cortadas un recipiente negro, muy negro; para terminar, ya cuando estaba a punto de salir del sitio, vi a lo lejos a las gemelas de "El resplandor", Marina y María, alzando sendas tijeras de podar con sus manos.

Aparte de esto, he visto nidos de pájaro, muchos nidos de pájaros de todos los colores, muy abigarrados; pupitres y sillas, palés, cadáveres de impresoras mutiladas, neumáticos apilados...¡Un horror!

Vamos, que no vuelvo a la gruta. Además, hay quien ha visto en la gruta a don Carlos con una motosierra. Si no se cree, que le pregunten a cualquiera de los antiguos alumnos que haya pasado la noche aquí en Pentecostés.

Menos mal que ya está aquí la primavera, para la llegada de la cual los alumnos y don Carlos preparan este lugar tan increíble, donde se pueden vivir tantas emociones...¡y tan cerca de nuestras aulas!





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